Relato: ‘El mundo es vida’ de Lourdes Zurita

Claro de luna

La brisa de la tarde acaricia mi rostro, los pájaros cantan melodías que se entrelazan a medida que avanzo y el cielo se torna en colores anaranjados, anunciando la retirada del astro de fuego.

Los claroscuros adornan el sendero que aún me queda por andar. Distingo las mil y una huellas de aquellos que han surcado este trayecto de albero. Respiro hondo: jamás podré encontrar un aroma más acogedor que el de la libertad: aire limpio mezclado con el polvo que levantan mis pasos. Todo ha embellecido con la primavera y los verdes son más verdes.

En los cruces surgen intercambios de miradas. Me gustan las personas que pasean, las que corren, las que leen, las que se tumban sobre el césped al sol, las que prefieren la sombra, las que caminan solas ensimismadas en sus pensamientos, las que intercambian risas y las que comparten historias desde el mirador, frente a la magia de Córdoba, que aún es más hermosa al caer la noche.

Me atrae la imaginación de los críos cuando inventan juegos en los areneros, las batallas de juventud que se cuentan los ancianos y el fragor de la competición en el campo de fútbol. Y me gusta el camino de luces blancas, custodiado por farolas, que me lleva a casa.

Lourdes Zurita
Lourdes Zurita

La vida deja verse plenamente solo en ciertas ocasiones, pues se esconde detrás de las especulaciones que hacemos de ella. Pero a veces la sorprendemos en un descuido cuando es verdad que deseamos contemplarla.

Todos seríamos más felices si aprendiésemos a fijarnos en lo que merece la pena. Necesitamos salir a caminar para olvidar los problemas y contemplar la belleza de este mundo, gracias a la medicina alternativa que nos ofrece un parque.

(Parque de la Asomadilla, Córdoba).

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