Ciclo 1906 de Jazz: Al Foster Quartet en el Café Berlín

Al Foster Quartet 1

Por Ciro Mestraitua.
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Para muchos músicos, haber tocado o grabado alguna vez con Miles Davis es un hito en su carrera. Pues bien, Al Foster no sólo solo figura en más de una decena de discos de Miles sino que fue un titular indiscutible en su banda durante los 70 y 80 y fue el único músico con el que Miles mantuvo contacto durante su retiro. Vamos, que más que un sideman fue un amigo y compañero de fatigas, y para cualquier aficionado, una leyenda del jazz. Pero por más que la sobra del «Hombre de la trompeta» sea alargada el martes noche no íbamos a ver al Foster de Davis sino un tributo a otro monstruo del jazz, Art Blakey. Así pues, todo apuntaba a que iba a ser una noche de jazz clásico de los 50, en el arranque del VIII Ciclo 1906 de Jazz.
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La recepción no pudo ser más calurosa, en el Café Berlín no cabía un alma, aunque por allí sobrevolase el espíritu del recientemente fallecido Juan Claudio Cifuentes para el que hubo una emotiva mención. El Al Foster Quartet sonó fresco, ligero, como si llevasen toda la vida, aunque después confesase el propio Foster que era la primera vez que tocaba juntos, sin siquiera haber ensayado. Sus jóvenes «Messengers» mostraron una gran calidad y una clase que justifica que acompañen a tamaña leyenda. Todos tuvieron espacio para mostrar sus cualidades: Doug Weiss, colaborador habitual de Foster, estuvo simplemente impecable, David Bryant al piano resultó ágil y fluido y Godwin Louis, al saxo alto, tremendo aunque en los dos primeros temas mostrase, me dio la impresión, cierta rigidez que hizo desaparecer Al Foster tras dirigirle unas palabras. La selección de temas y la interpretación fue fiel al espíritu de Blakey: música alegre, de la que hace mover los pies, y espacio para que todos, uno por uno, pudiesen marcarse sus solos.
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Al Foster Quartet 2Tras una hora de standards del hard bop y clásicos de los Jazz Messengers cerraron la primera parte del concierto con una animada versión de A Night in Tunisia en la que Foster se reservó algo más de protagonismo que en las anteriores con un genial solo de tribales y baquetas que despertó el entusiasmo de la sala. La segunda parte siguió la tónica de las primera hasta que al fin llegó el tema que todos esperábamos, el emblema de Blakey, Moanin’ que trajo además sorpresa: la aparición de Jerry González. El nuevayorkino vive en Madrid desde hace unos años y debió pensar, como todos los presentes, que el lugar en el que había que estar esa noche era el Café Berlín. Pero él además se trajo la trompeta y se puso a tocar. Todo un regalo. Sólo se quedó para otro tema, una excelente versión de Billie’s Bounce, pero suficiente para hacer que la velada resultase perfecta. Algo más breve que la primera parte, la segunda nos dejó con ganas de más, algo que percibió Foster quien ofreció un pequeño bis, una alegre versión St. Thomas, que cerró el concierto a lo grande. Una mágica noche de hard bop, de historia del jazz, de clásicos, leyendas y jóvenes talentos.

 

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