Relato: ‘Novelas de papel’ de Paula Pernas

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De Paula Pernas/

VIII edición www.excelencialiteraria.com

 

Subí al metro novela en mano, precavida contra el aburrimiento y en guardia ante el sueño que causa el traqueteo del tren hasta el final de la línea. Me recliné contra una de las ventanillas para comenzar la lectura cuando me pareció distinguir a un chico que también leía un libro, pero un libro de cubiertas y hojas de papel, sobreviviente entre los libros electrónicos y los teléfonos móviles, las tabletas y los reproductores de música.

Por unos momentos -embutida en el estruendo de unos cascos que hasta los componentes de Metallica protestarían- me paralizó la emoción. Me puse en pie para avanzar entre los codos de los pasajeros, a pesar de las amenazas de una señora a la que pisé sin querer, pues necesitaba descubrir cuál era la novela del héroe recién descubierto.

Cuando apenas nos separaban dos pasos, el metro se detuvo y las puertas se abrieron. Mientras una oleada de gente salía y la otra hacía esfuerzos por entrar, yo luchaba por defender aquel sitio al que tanto me había costado llegar.

Cuando volvió la calma localicé nuevamente mi objetivo, de manera que, empujón a empujón, mirada enfurruñada tras mirada enfurruñada, me situé frente a él, aunque no lo suficientemente cerca para que descubriera mi curiosidad.

Él estaba con la cabeza baja, absorbido por el libro. Disimuladamente dirigí la mirada hacia la tapa, en la que me topé con el logotipo del certificado de “Eco-Friendly”. Y me desbordó aún más la emoción, ya que mi héroe también se preocupaba por el medio ambiente.

Llegué al nombre del escritor. Me había esperado el de un clásico como Jane Austen o Tolstói, Clarín o Galdós… Pero, para mi desilusión, se trataba de un presentador de un programa televisivo de éxito.

Paula Pernas
Paula Pernas

Tiene su lógica que estos personajes, aprovechando la buena acogida que tienen entre el público, se lancen a escribir libros que el consumidor recibe con alegría y expectación. No quiero decir que, a priori, sean obras intrascendentes o mal escritas, pero le quitan espacio y tiempo a aquellas obras de calidad, de valor literario, de todos los géneros y de tantos autores imprescindibles, que contribuyen al desarrollo cultural y personal del lector.

Recuerdo esta anécdota con cierta distancia y me planteo qué es peor, si la plaga de aparatos electrónicos que merman nuestra capacidad de reflexión o lo que éstos originan con sus audiencias y comentarios en las redes sociales. No en vano, también se traducen en libros de papel.

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