’99 fábulas fantásticas’ de Ambrose Bierce

99 fábulas«Un Fabulista atravesaba un bosque solitario cuando se topó con la Fortuna. Muy asustado, trató de subir a un árbol, pero la Fortuna lo retuvo y lo acorraló con cruel insistencia.
     —¿Por qué intentaste escapar? —dijo la Fortuna cuando los gritos y los movimientos del hombre cesaron—. ¿Por qué me miras de una manera tan hostil?
     —No sé qué eres —respondió el Fabulista, muy alterado».

 

El próximo 10 de febrero llega a nuestras librerías 99 fábulas fantásticas de Ambrose Bierce con ilustraciones de Carlos Nine publicado por Libros del Zorro Rojo

Si Ambrose Bierce tropezó con la Fortuna y sintió miedo no podemos saberlo, pero es indudable que se conocieron: quizás, como el rollizo Pavo que en una de las fábulas encontró al Político, fue la ventura la que dio con el genio del estadounidense, autor de innumerables cuentos y piezas breves. Noventa y nueve de estas, por secundar a Bierce en no asumir  convención alguna (y condensar en dosis la singularidad de su obra), son las que se recogen en este volumen. Seleccionadas y traducidas por Marcial Souto, estas 99 fábulas fantásticas destilan sarcasmo y cáustica crítica, siempre brillantes. Y bien hicieron en preocuparse quienes quedaron expuestos a su sátira: políticos corruptos, médicos santurrones, monarcas tiranos, banqueros sin escrúpulos y funcionarios envilecidos se vieron a la intemperie, azotados por su ingenio. 

99fábulasLas ilustraciones de Carlos Nine descifran el contorno de los grotescos personajes de Bierce y encarnan su voluntad censora: fábula y caricatura se aúnan para retratar con fino trazo y humor corrosivo la comedia humana espejada en la animal. Un reflejo que nos devuelve la eterna competición entre liebre y tortuga, los reproches de la hormiga laboriosa a la irreflexiva cigarra, la inevitable comparecencia del cordero ante el lobo.

La hipocresía del mundo choca con el cinismo, rayano en la misantropía, de uno de los autores más lúcidos del siglo xx. Un inconformista que jamás se avino a convivir con lo establecido, y que escribió: «Debe de ser horrible morir entre sábanas; si Dios quiere, a mí no me ocurrirá».

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