Crítica: ‘Un sombrero cargado de nieve’ de Cristina Losada

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Un sombrero cargado de nieve de Cristina Losada. Editorial Stella Maris, 2015. Tapa blanda, 280 pp., 15x23cm., 19,50 e.

 

Por José R. Cortés Criado.

 

Cristina Losada, gallega de nacimiento, madrileña de adopción, viajera impenitente, dio la vuelta al mundo para llegar a casa. Sus peripecias a lo largo de siete años quedan reflejadas en estas páginas escritas como desahogo de las vivencias llevadas a cabo.

La autora narra en primera persona su desubicación en Madrid después de la llegada de la democracia. Su pasado militante en una organización trotskista terminó con la frustración de ver que el proyecto revolucionario no se llevará a cabo y el mundo en el que se desenvolvía hasta entonces había desaparecido.

Esta frustración no fue exclusiva de ella, muchos de sus coetáneos la padecieron cuando comprendieron que habían dedicado un tiempo de sus vidas a una causa imposible, algunos iniciaron un largo periplo de país en país, otros abandonaron u ocultaron sus ideales ante la realidad de nuestra sociedad, otros buscaron una vida placentera en el campo, y los hubo que se adaptaron a los nuevos tiempos políticos para labrarse un futuro cómodo.

La protagonista de este libro optó por la huida de España, con un amigo de un amigo decidió atravesar Europa en tren, y ya no supo dónde parar, las circunstancias la hicieron cambiar de compañero de viaje o viajar en soledad, y, aunque siempre sentía tener que dejar una ciudad, sabía que ella no era una persona que pudiese permanecer anclada en un lugar.

Con bastante sinceridad narra sus vivencias, unas agradables, otras no tanto. Disponía de poco dinero, a veces vivía de prestado, otras en pensiones de mala nota, comía poco y económico, trabajaba cuando necesitaba dinero o pretendía iniciar otro periplo. Así ejerció de camarera, profesora de español, vendedora de bisutería, modelo de estudiantes de arte, profesora de yoga y ballet en cualquiera de los confines por donde anduvo.

Después del viaje en el Transiveriano que finalizó en Japón, pasó a Filipinas, Nueva Zelanda, Colombia, Honduras, Argelia, Níger, Alemania… Una experiencia de vida por los cinco continentes.

En su texto no describe ninguno de los lugares preferidos de los turistas, pues ella no se considera tal, ni pretende escribir una guía turística, sino  que cuenta cuanto sintió cuando convivió con personas de otros lugares lejanos, con cultura diferentemente y gustos similares.

Le llama la atención que los habitantes de países pobres desearan tener una sociedad como la nuestra, justo lo que ella no desea, y rompe con estereotipos cuando habla del carácter de los suizos franceses y germanos.

Sin duda una obra interesante que refleja las diferentes vidas de su autora, único aporte de riqueza que trae de sus viajes, suficiente para colmarla, a pesar de que hay quien las considera inútiles e innecesarias.

Buscó mezclarse en la sociedad que visitaba para conocer la vida cotidiana que suele pasar desapercibida a los turistas ávidos de fotografías y souvenirs.

Después de siete años cerró el círculo de su vida y regresó a España, país que ya no era el que abandonó, igual que ella no era la joven que salió un día camino de Europa, pero su mochila personal venía cargada de recuerdos y experiencias únicas e irrepetibles.

Me ha gustado el libro, quizás porque participo de bastante de sus ideas aunque no sea un nómada como ella, porque todo lo narrado es verosímil y porque no me gusta ir de turista por el mundo, aunque en el fondo sea uno más de los millones de curiosos que visitan lugares ignotos en busca de novedades.

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