Entrevista a Jordi Sierra i Fabra: “Escribo lo que siento, cuando lo siento y como lo siento”

 Jordi Sierra i Fabra Edebé“Siempre intento que mis lectores se lo pasen bien”.

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Por Carmen F. Etreros.

 

Primer día primaveral de sol y luz en Madrid en el que charlamos con el escritor Jordi Sierra i Fabra que acaba de ganar el premio Edebé de literatura infantil y juvenil. Un escritor sin pelos en la lengua, con el que siempre es un placer charlar y aprender de la vida y la literatura con sus palabras. Un escritor atípico que lleva 44 años publicando libros y encandilando con sus novelas a niños, jóvenes y menos jóvenes.

P. ¿De dónde surge la historia de El aprendiz de brujo y Los Invisibles? ¿Cómo se te ocurrió esta original historia?

R. Pues fue algo muy simple. Siempre anoto ideas en mis libretas, a veces primero lo hago en un papelito si no la llevo encima, una servilleta de una comida o un trozo del periódico. Tres o cuatro años antes de escribir la novela, no anoté la fecha, apunté que un niño asesinado resucitaba 3 días porque un aprendiz de brujo derramaba accidentalmente tres gotas de una pócima sobre su tumba. Ese fue el arranque. De ahí salió lo demás, el personaje del brujo, la forma en que el aprendiz encuentra a los amigos del niño asesinado, por qué se hacían llamar Los Invisibles cuando eran niños, y la forma en que estos le ayudan a dar con el asesino. Lo de la época en que podía desarrollarse una historia así fue consecuencia de todo esto. El relato además es rápido, porque sucede en los tres días que el resucitado vuelve a la vida antes de volver a la tumba. Me pareció una idea original y divertida, nada más. Luego, al acabarla, vi el potencial para mandarla a un premio literario, porque era diferente, que es lo que premian siempre los jurados.

P. ¿De dónde nace el personaje de Mortimer, ese chico de doce años que trabaja para el profesor Haggath?

R. Todo forma parte del mismo paquete. Cuando piensas en una novela, piensas ya en los personajes que van a desarrollarla. Eso sí, situé a Mortimer en el siglo XIX. Quería darle un aire dickensiano a la historia. Mortimer es huérfano, adoptado por un brujo para convertirlo en su ayudante. Salió del orfanato Monroe, que es también el lugar del que procede el niño al que resucita accidentalmente, así como sus amigos de la infancia, Los Invisibles, ahora ya veinteañeros y trabajando en diversas cosas. Busqué trabajos que pudieran ayudar a la resolución del caso… y de otros, si decidía seguir con los personajes. 

P. ¿Y el profesor Haggath, ese enigmático brujo que está preparando la complicada poción que tiene que llevar Mortimer?

R. ¿Para qué iba a necesitar un brujo (que nadie sabe que lo es) a un aprendiz? Pues porque está confinado en una silla de ruedas y necesita quien le cuide. Es brujo, capaz de hacer las pócimas más increíbles, pero no puede curarse a sí mismo. No funciona. Es un tipo huraño, duro, pero al final de la novela vemos que también tiene su corazoncito. En el fondo creo que es una historia con tintes muy clásicos, pero con una lectura diferente y un planteamiento sorprendente.

P. ¿Por qué decidiste escribir esta novela un poco gótica, misteriosa?

R. No tenía ni idea de que fuese gótica. Misteriosa sí. Pero nada más. Supongo que como nunca he hecho mucho caso de las etiquetas, no es algo que me preocupe. Yo escribo lo que siento, cuando lo siento y como lo siento, sin pensar en nada que no sea hacer que el relato funcione. Salió como salió y eso es todo. Luego leí en un periódico que yo había hecho una de zombis y me alarmé. ¡Que alucine! Aborrezco todo lo que sean zombis. No me gustan. Pero claro, como un muerto vuelve a la vida… ¡como está de moda, para muchos es un zombi! Ni lo había pensado. Situé la historia en 1867 porque era una época en la que todavía había cosas de brujería y tal. Y además la enmarqué en la Inglaterra victoriana porque, como ya he dicho, la sentí como muy dickensiana.

P. ¿Qué crees que pueden encontrar los pequeños lectores en tu novela El aprendiz de brujo y Los Invisibles?

R. Siempre intento que mis lectores se lo pasen bien. Para ello es imprescindible que yo me lo haya pasado bien escribiéndola, como es el caso. Escribo como hablo, no pongo paja, no me enrollo, voy al grano, siempre hay diálogos, capítulos cortos, mucho ritmo… Sé que si la leen se lo pasarán bien, ¿y qué más puede pedir un escritor? Por otra parte, un libro que gana un premio a otros 200 libros, algo tendrá. Los premios no te los dan por guapo. Los jurados son lo más.

CUBIERTA UN APRENDIZ-1P. Has escrito muchas novelas para jóvenes y niños ¿qué es lo que te apetecería escribir y por ahora no has podido ya sea por tiempo o posibilidad? ¿Cuáles son tus planes de futuro como escritor?

R. No creo que haya dejado de hacer nada que me gustase escribir. Para mí siempre hay retos. A mis 68 años pienso que he tocado todos los palos, todos los géneros. También he hecho comics, canciones, guiones de TV o teatro… ¡hasta una ópera! (el texto, no la música). Ahora llega verano y a comienzos de mayo ya me instalo en mi casa de la montaña para escribir hasta septiembre. De septiembre a abril, viajo sin parar, de mayo a septiembre nunca lo hago salvo para ir a la Feria del Libro de Madrid tres días. Es mi época de mayor productividad. Y después de tantos viajes este año, ya tengo hechos los guiones previos de las novelas que haré en estos meses de verano, de todos los géneros, por supuesto. Sé que como escritor soy atípico, pero es lo que hay, siempre he funcionado así, y llevo 44 años publicando libros.

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