«No todo se transforma. Hay cosas que desaparecen sin dejar rastros. Cuerpos que se borran para siempre.»

 

Llega a nuestras librerías la última novela de Reynaldo Sietecase Un crimen argentino publicado por Alfaguara. El intento de ejecutar un crimen perfecto con profundas resonancias en la historia del país.

¿Se puede disolver un cuerpo? ¿Es posible reducir un ser humano a la nada? Utilizado en cantidades adecuadas, el ácido sulfúrico logra ese efecto. Cuando el proceso llega a su fin, sólo queda un líquido negruzco, turbio, con una capa superficial que tiene aspecto de costra de carbón.

Una sociedad también se define a sí misma por sus crímenes, por sus formas de matar. Esta es la historia de uno de los homicidios más brutales cometidos en la Argentina.

En diciembre de 1980, con la dictadura aún en su apogeo, el abogado Mariano Márquez decide ejecutar su versión del crimen perfecto. Organiza el secuestro extorsivo de un importante empresario y, para alcanzar la impunidad, imita el terror impuesto por el régimen militar: sin cuerpo no hay delito.

Con un estilo implacable, por momentos irónico y siempre efectivo, Reynaldo Sietecase moldea la realidad para construir una historia perturbadora de final imprevisible, cuya trama seduce desde la primera línea y, como una tela de araña, nos atrapa sutil pero definitivamente.

Reynaldo Sietecase nació en Rosario en 1961. Es poeta, narrador y periodista. Publicó las novelas Un crimen argentino (Alfaguara, 2002) y A cuántos hay que matar (Alfaguara, 2010), y el libro de relatos Pendejos (Alfaguara, 2007). También es autor de las crónicas de El viajero que huye (1994), Bares (1997) y No hay tiempo que perder (Aguilar, 2011); de la investigación periodística Kamikazes. Los mejores peores años de la Argentina (Aguilar, 2013), y de los libros de poesía Y las cárceles vuelan (1986), Cierta curiosidad por las tetas (1989), Instrucciones para la noche de bodas (1992), Fiesta rara (1996), Pintura negra (2000), Hay que besarse más (2005), Mapas para perderse (2010) y El amor muerde (2015). Por su labor en radio y televisión, obtuvo cinco veces el Premio Martín Fierro y fue distinguido en dos oportunidades con el Premio Tato.

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