Cuando Malala era niña en Pakistán quería tener un lápiz mágico. Lo usaría para poner un pestillo en su puerta, así sus hermanos no podrían molestarla; detener el tiempo para dormir una hora más cada mañana o borrar el olor del basurero que había cerca de su casa.

Pero, con el tiempo, su mundo cambió, lo mismo que sus deseos. Su derecho a ir a la escuela se vio amenazado… simplemente porque era una niña. En vez de un lápiz mágico, Malala cogió uno de verdad. Sola en su habitación, escribió sobre los desafíos a que se enfrentaba, pero sus palabras llegaron a gente de todo el mundo.

Malala Yousafzai comenzó su campaña por la educación de las niñas a los diez años, cuando el valle de Swat fue atacado por terroristas y peligraba el derecho a la educación. En 2009 escribió sobre la vida bajo los talibanes para el servicio de la BBC en urdu y apareció en un documental del New York Times sobre la educación en Pakistán.

En octubre de 2012 Malala se convirtió en objetivo de los talibanes y le dispararon cuando volvía a casa del colegio. Sobrevivió y continúa su campaña por la educación. En 2011, como reconocimiento a su valor y su lucha, Malala fue nominada para el Premio Infantil Internacional de la Paz y fue la primera niña galardonada con el Premio Nacional Juvenil de la Paz, instituido en Pakistán. Es la persona más joven en haber recibido el Premio Nobel de la Paz y ha obtenido otros numerosos premios como el Premio Infantil Internacional de la Paz (2013), el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia, el Premio Embajador de Conciencia de Amnistía Internacional y el XXV Premi Internacional Catalunya 2013, que otorga la Generalitat de Catalunya, así como el Premio Convivencia de la Fundación Manuel Broseta de Valencia.

Malala ahora vive en Birmingham, Inglaterra, y sigue abogando por el acceso universal a la educación a través del Malala Fund (malala.org), una organización sin ánimo de lucro que apuesta por programas de gestión comunitaria y apoya a los defensores de la educación en todo el mundo.

El lápiz mágico de Malala. Ilustraciones de Kerascoët, Traducción de Julia Fernández. Alianza editorial, 2017. 48 pp., 14,00 €.