‘Dragon Boy’ de Guido Sgardol

Dragon Boy de Guido Sgardoli. Ilustraciones de Enrico Macchiavello. Editorial Edebé, 2018.  Tapa dura con sobrecubierta, 240 pp., 14 x 21 cm., 14,95 €.

Por José R. Cortés Criado.

 

Un joven acomplejado, Stanghelli Max, escribe un diario algo disparatado, ya sea porque deja páginas en blanco, no se le ocurre qué escribir, cambia el tipo de letra, el tamaño, el estilo, añadiendo diferentes recursos gráficos e intercalando texto escrito y dibujos, así como escenas de cómic.

Y es que el pobre protagonista desea que lo lleve a clases el chófer de la familia, lo reciban sus amigos con alegría, las chicas guapas lo miren, ser un buen estudiante y no sufrir el acoso de los cafres de su colegio.

Con estas perspectivas y, además, tener una pierna más larga que otra y usar muletas, oír escasamente y disponer de un implante coclear para escuchar algo, ser el centro de burlas de algunos compañeros y sentirse fatal, el pobre chico tiene la osadía de escribir un diario valiente, donde refleja lo que le pasa y lo que le hacen algunos.

A lo largo de las páginas de este diario algo estrambótico, conocemos al personaje, a su familia y lo que son capaces de hacer por él. Un joven que desea desaparecer ante los demás, por encima de todo quiere tener un superpoder, ser invisible, para que acabe la pesadilla que es vivir e ir a clase diariamente.

Solo lo anima a seguir el descubrimiento de un cómic de Dragón Boy; en él se ve reflejado y en él se ven escenas que le son comunes y hechos que le han  acaecido en su entorno.

A lo largo de las páginas aparecen pequeñas ilustraciones de objetos, ideas o sentimientos del personaje que dan un toque de humor al tema; además de los cómics que reflejan un personaje totalmente opuesto a  Stanghelli Max. Las ilustraciones son de Enrico Macchiavello.

Las dudas sobre este héroe y las sospechas sobre su autor lo hacen vivir días intensos de búsqueda, preguntas y desengaños, hasta que descubre el valor de la amistad silenciosa y sin aspaviento, y se hace consciente de que todos tenemos superpoderes aunque no lo creamos.

Las más de doscientas páginas se leen rápidamente y te hacen reflexionar sobre las personas diferentes y las que se preocupan de molestar al diferente por el solo hecho de serlo y, en este caso, ser más débil e inocente.

No solo le quitan el bocadillo o el dinero, también lo dejan solo ante cualquier acontecimiento o lo invitan a un cumpleaños inexistente en un solar en la otra punta del pueblo para mofa y escarnio.

Con este libro el autor, Guido Sgardoli, apuesta por afianzar la autoestima y el respeto en los adolescentes partiendo de un protagonista con discapacidad física, al que le cuesta entender el mundo y al que el mundo tampoco entiende.

 

 

 

 

 

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