‘Estrellas’ de Ana Badía

De Ana Badía. Ganadora de la XIII edición Modalidad Relato breve www.excelencialiteraria.com

 

-Mira -señaló al cielo-. Esta noche no hay estrellas.

Era cierto; no había ni una. Sobre nuestras cabezas la luna brillaba en soledad.

Acostumbrábamos, cada noche, a contar las fugaces -tan solo las fugaces- y siempre acabábamos perdiendo la cuenta.

-La luna está llena. Seguro que las estrellas se han escondido para no quitarle protagonismo.

-Puede ser- respondí.

Nos sentamos en el descampado. Ella, como de costumbre, apoyó la cabeza en mi hombro, mientras yo le acariciaba el pelo. Creo que ambas sabíamos por qué aquella noche el cielo estaba desierto. No era casualidad que la luna no tuviese una sonrisa para nosotras.

El silencio se nos echó encima, como una manta que nos arropó hasta que, por fin, se atrevió a decir algo.

-Les echo de menos.

-Lo sé cariño -respondí.

– ¿Por qué se fueron? -quitó la cabeza de mi hombro y me miró a los ojos. Tenía miedo porque sabía la respuesta a su pregunta.

No necesitábamos palabras. La abracé con delicadeza y lloró.

Después le canté una nana muy bajito, al oído. Los grillos me acompañaron. Por fin sus ojos se cerraron y me quedé pensando mientras observaba su rostro. Ella solo tenía seis años y había sufrido demasiado para su corta edad.

Era una palestina preciosa. Se llamaba Rua y era el mejor regalo que me había dado la vida. Era una refugiada con suerte, según decía. Pero sé que la afortunada era yo.

Aquella noche coincidía con el aniversario de la pérdida de sus padres y de sus cuatro hermanos.

-María, ¿nos vamos a casa? –preguntó al abrir los ojos y comprobar que seguíamos en el descampado.

-Sí; se ha hecho tarde.

-Pero prométeme una cosa…

-Adelante.

-Dime que es verdad que ellos me están viendo. Dime que nunca se separan de mí.

-Rua, mira el cielo -yo lo miré también-. No hay estrellas. Ni una. Tú misma lo has dicho. ¿Sabes por qué?… Porque las estrellas son como las personas que se van de la tierra, que siempre nos están cuidando. Y si hoy no se ven, es porque los tienes más cerca de lo que crees. Están todos dentro de ti.

 

 

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