‘Crimen de otoño’ de Ana Belén Rodríguez

De Ana Belén Rodríguez. Ganadora de la XIII edición www.miguelaranguren.com

 

Aquella tarde de otoño, el viento se paseaba entre los árboles. Las hojas formaban una cuna de tonos ocres en el suelo. Norah paseaba sobre ellas; las hacía crujir bajo sus botas. Llevaba los auriculares encasquetados en los oídos y sus labios se movían distraídamente, canturreando. Había sido un día largo, así que había decidido aislar en su mente el recuerdo de la bronca de su jefe y la discusión con su novio. Se distrajo con las ramas, que se agitaban con suavidad. El cielo estaba teñido de un gris perla que se oscurecía conforme pasaban los minutos.

Norah llegó a su piso y sacó las llaves del bolso.

Debido al cansancio, no se dio cuenta de que la cerradura estaba forzada ni de la figura que, dentro del apartamento, había corrido a esconderse al oír sus pasos.

Norah cerró la puerta tras de sí, dejó el abrigo y el bolso en la entrada y caminó hasta la cocina. La cafetera express soltó un pitido alegre cuando la puso en marcha. Mientras se hacía el café, fue a buscar un libro de su habitación y echó una mirada a la ventana. Había empezado a llover.

En el salón se sobresaltó al oír (aún con los auriculares puestos) el estruendoso rugido de un trueno. Se arrancó los cascos y los dejó en la mesa, junto al móvil. Se sirvió una taza de café, se tumbó en el sofá de cara a la ventana y abrió el libro por la primera página. Empezó a dar sorbos pequeños, para no quemarse.

Detrás de ella la figura salió de su escondite. Vio a Norah tumbada en el sofá. Entonces avanzó sigilosamente hasta la cocina y cogió las tijeras que yacían sobre la encimera. <<Es el momento>>, pensó. <<Esa chica no debería entrometerse en mis asuntos. Se lo intenté advertir y no me escuchó. Norah, ojalá no tuviera que hacer esto..>>.  Se acercó hacia la muchacha, que iba ya por la mitad de su café, apretó las tijeras, nervioso, y detuvo sus pasos cuando estuvo a unos centímetros de ella. Entonces alzó las tijeras y cerró los ojos.

Ana Belén Rodríguez

Hubo un grito amortiguado. El café se esparció por la alfombra y la taza se rompió contra el suelo. La sangre salpicó el libro y manchó la tapicería del sofá.

Alguien escuchó la carrera de quien huía de la escena del crimen, dejando tras de sí un cuerpo, un libro ensangrentado y un café derramado.

 

 

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