‘La isla de las alucinaciones’ de Joel Franz Rosell

 

La isla de las alucinaciones de Joel Franz Rosell. Premium Editorial, 2017. Premio Avelino Hernández.

 

Por Anabel Sáiz Ripoll.

 

La isla de las alucionaciones obtuvo  el V Premio Avelino Hernández de novela juvenil en su última edición que concede el Ayuntamiento de Soria. Con ella, su autor, Joel Franz Rosell se introduce en un género, hasta ahora, poco cultivado por él, como es el de la novela de aventuras.

Se trata de un relato organizado en torno a 17 capítulos, que nos lleva a la Cuba actual sin miedos ni reservas y que nos hace ver que los pueblos, por muy distintos que sean, pueden entenderse si así lo desean puesto que, como humanos, hay más puntos de unión que de diferencia.

Paloma, una joven adolescente española, está en Cuba para asistir a la boda de su tía Cata con el cubano Soto. Después, antes de regresar a su país, hará un viaje  con sus amigos Jorge,  Carbó y Kilito, a un pueblo, que Joel Franz Rosell imagina y recrea,  situado en el nodeste de Cuba, La Chongolina.

Aprovecha el autor para aludir a la llegada, en condiciones casi de esclavitud, de más de 100.000 chinos a Cuba a mediados del S. XIX. Los descendientes de estos chinos son los pobladores de La Chongolina, el lugar donde vive la  familia de Maruchi, una de las jóvenes de la pandilla.

Durante la primera parte de la novela, se nos narra una historia de jóvenes y de choques culturales superados con más o menos buen humor. Paloma todo lo guarda en su grabadora, incluido su diario personal que, sospechamos, es la propia novela, aunque narrada en tercera persona. Esta grabadora, objeto de burlas a veces por parte de Maruchi que, en el fondo, envidia las posibilidades tecnológicas de las que ella carece, será un elemento clave en la resolución del conflicto.

En La Chongolina son todos recibidos con agrado, aunque Maruchi hace todo lo posible por fastidiar a Paloma ya que la ve como a una rival frente a otro de los jóvenes, Jorge, por el que, de alguna manera,  ambas compiten.

Hay un personaje que destaca entre todos. Nos referemos a Mamá Chong, la matriarca del poblado, una mujer de edad indefinida, que parece una vidente y que observa más allá de lo que los sentidos le ofrecen. Ella es quien alerta a los chicos acerca de la maldición de la llamada Isla de las Alucinaciones, muy cercana a la Chongolina. En esta Isla, misteriosa, en el pasado, se dieron casos de tráfico de esclavos y parece que la isla tenga su propia manera de ser. Eso llama la atención al grupo de amigos que la acaban visitando, al principio diciéndolo y, después, de forma clandestina. Así, de una manera casi fortuita, descubren otro misterio no menos duro que el tráfico de esclavos: el de drogas.

Llegamos a la segunda parte de la novela, narrada de manera más rápida, con más acción e intriga. Los jóvenes destapan un caso de tráfico de drogas que tenía a la isla como base de lanzamiento, por así decirlo. No obstante, la policía a la que acuden estaba también implicada en el sucio asunto y tratan de correr una cortina de humo. La aventura está al punto de terminar mal, sobre todo para Maruchi y Paloma quien, secuestradas, acaban en Miami antes de regresar a Cuba. Sin duda, la emoción impregna las páginas de la novela que se lee de forma rápida y con creciente interés. 

La Isla de las Alucinaciones es una novela contra los prejuicios, contra los tópicos culturales y a favor de la interculturalidad. Es una novela viva, muy bien narrada, con unas descripciones certeras y con un diálogo real que nos permite conocer, de primera mano, a los personajes. Una novela juvenil, sin duda, pero que puede ser del gusto de cualquier lector porque contiene intriga, acción, testimonio humano y crítica social.

Entre Maruchi y Paloma se acaban derribando las barreras porque, al fin, se conocen y eso, sin duda, es un ejemplo para todos los lectores y cualquier prejuicio que alberguemos. De alguna manera, podemos definir la novela como «iniciática» y no solo para Paloma y Maruchi, sino para todos los demás. 

La Isla de las Aluciaciones se cierra con una promesa. Paloma embarca para España mientras Jorge le promete que irá a visitarla. Ese final abierto sugiere, y así lo deseamos, una nueva entrega de las aventuras de estos jóvenes.

 

 

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