‘¡Qué risa de huesos!’ de Janet & Allan Ahlberg

¡Qué risa de huesos! de Janet & Allan Ahlberg. Kalandraka, 2018. 32 pp., 20,5 x 26,5 cm., 15.00 e.

 

Por Anabel Sáiz Ripoll.

 

¡Qué risa de huesos! es un texto que desprende buen humor y diversión. Los protagonistas son tres esqueletos, el de un hombre, el de un niño y el de un perro. Juntos, aunque siempre a instancias del niño, deciden salir por la noche a ver si pueden asustar a alguien; aunque la ciudad, a esas horas está desierta y no logran su objetivo. Deciden columpiarse en el parque para divertirse y jugar con su mascota tirándole un palo, pero el pobre esqueleto se tropieza y todos sus huesos se desmontan. Esa situación que podría parecer triste, se convierte en uno de los momentos más jugosos del relato, porque, montando y desmontando los huesos del pobre can, se hacen un lío hasta que, tras muchas pruebas, dan en el clavo. Finalmente, ante la imposibilidad de asustar a nadie, deciden asustarse a sí mismos y, de nuevo, se desencadenan situaciones jocosas y muy animadas.

El relato nos gusta porque, partiendo de un tema que podría parecer muy de halloween, se convierte en algo casi cotidiano, aunque los personajes sean tres esqueletos. De alguna manera, el hombre, el niño y el chucho irradian vida, aunque pueda parecer una paradoja, irradian optimismo y sentido del humor. Podríamos entroncar el relato con el nonsense. No persigue ningún afán didáctico, ni tiene por qué, más bien busca la complicidad con el lector tratando de desdramatizar personajes que infunden miedo como los fantasmas o los esqueletos. En esta ocasión, lo que destaca de los tres son sus ganas de caer bien, su inocencia, su diversión sin doblez, su espontaneidad.

Por otra parte destacan las ilustraciones que, lejos de los tópicos de oscuridad, son limpias y luminosas. Si bien, el escenario es nocturno, las figuras, claras, destacan por su nitidez y por su fuerza arrolladora. Conviene fijarse en los detalles, múltiples y variados, en el decorado y en la especial disposición de algunas de las páginas en forma de viñeta, lo cual imprime un ritmo más acelerado y cercano al relato.

No podemos olvidar el texto que juega con las repeticiones y los paralelismos e, incluso, las concatenaciones. Se parte de un principio clásico, «Así es como empieza esta historia» y, poco a poco, casi como los círculos concéntricos, se llega a los protagonistas y se inicia la acción que termina en el mismo lugar que ha empezado. Es un texto que mantiene el tono oral y que, por lo tanto, puede leerse en voz alta porque tiene mucho ritmo. El adjetivo «oscuro» con todas sus variantes se repite al principio y al final, así como el verbo «asustar», aunque, como hemos dicho, se logra justo el efecto contrario: divertir y entretener.

El relato data de 1980 y podemos decir que ya es un clásico contemporáneo. Con este cuento de miedo que da risa, los niños, desde 5 años, disfrutarán de lo lindo y obtendrán una segunda opinión acerca de los tan temidos «monstruos» o elementos afines. Nada más monstruoso que la carcajada que soltarán al seguir las alocadas peripecias de estos personajes vistos desde una perspectiva omnisciente, aunque también a través de sus palabras, puesto que abundan los diálogos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: