‘Olor a mamá’ de Ricardo Alcántara

Olor a mamá de Ricardo Alcántara. Ilustraciones de Montse Tobella. Editorial Algar, colección Calcetín Amarillo, 2018. 130 x 205 mm, 120 pp., 8,95 €, (+ 6 años)

Por José R. Cortés Criado.

Entrañable historia la de este ratoncito curioso, atrevido, cariñoso y, sobre todo, amante de las historias contadas.

Bigotis, que así se llama, fue el último de los siete hijos de mama ratoncita, era diferente a sus hermanos, tenía algo especial. Su madre, como buena madre, se había percatado de ello.

Los siete hermanos vivían en los huecos de un tejado, la madre no les permitía salir de su habitáculo. Ella se encargaba de buscar los alimentos y volvía lo más rápido posible, contaba a sus vástagos y respiraba tranquila cuando comprobaba que estaban todos.

Los pequeños se lo pasaban bien, temían cuando su madre no estaba, intentaban sobrellevarlo jugando, pero cierto día hicieron más ruido del normal y la dueña de la casa dispuso que se colocaran trampas para ratones en la vivienda. 

Ese día llegaba un olor a queso que quitaba el sentido, la madre temía algo, pero hubo de salir a por comida, sus hijos eran lo primero, se fue y como no volvía, Bigotis, el más valiente de todos, decidió ir en su busca.

No vio a su madre, pero sí a la propietaria de la vivienda que se puso como loca queriendo matar de un escobazo al ratón. Bigotis no comprendía esa ira, menos mal que llegó el marido de la señora y pudo escapar cuando vio la puerta de la calle abierta.

Corrió y corrió hasta que recapacitó y, entonces se percató de que se había perdido, como él detectaba a su mamá por el olor comenzó a aspirar, pero no hallaba lo que buscaba.

Así fue a llegar a un portal, delante del cual descansaba un señor mayor sobre una silla, protestaba y controlaba quién pasaba por la puerta de su casa. Cuando vio a Bigotis, lo encerró en una caja y lo llevó al escaparate de la panadería que tenía enfrente.

Él roedor disfrutó de un suculento banquete hasta que una clienta lo descubrió y hubo de huir entre gritos y amenazas del panadero. Tras mucho correr vio un gato tumbado en el alféizar de la ventana que lo trató con amabilidad hasta que lo apresó con sus dientes y lo llevó hasta su señora.

Bigotis acabó en el cubo de la basura, cuando se repuso emprendió la búsqueda de su casa, incluso encontró al ratón Paco que se ofreció a orientarle, pero como desconocía la dirección, tampoco sabía cómo era su casa ni el nombre de su madre poco le pudo ayudar ese buen amigo.

Tras varias peripecias y ayudar a una elefanta apenada y en soledad como él, y comprender cuál fue el final de su mamá, llegó a una biblioteca escolar. Ahí fue el más feliz de los ratones porque había una señora que contaba cuentos como su mamá, a la que tanto echaba de menos.

La maestra se maravilló al comprobar que Bigotis era el más atento de todos sus alumnos y con su complicidad consiguió animar a los chicos a leer. Todos disfrutaron de la lectura junto a esa nueva mascota. Bigotis es feliz y de vez en cuando busca en sus recuerdos el olor de su mamá para sentirse mejor.

Ricardo Alcántara vuelve con otra historia tierna protagonizada por un bebé ratón que solo sabe que su mamá se llama Mamá, que cuenta historias como nadie y que tiene un olor único.

Bigotis madura a la fuerza rápidamente, comprueba que el mundo no es un lugar tan apacible como la ratonera donde vivió, que hay malos con apariencias de buenos, y que también en él hay personas dispuestas a ayudar desinteresadamente a los demás, otras tan solas que con un poco de compañía son felices y las que cuentan historias llenas de magia y vida.

Este libro va por su cuarta edición, sin duda los lectores lo han hecho suyo y con justicia. Larga vida a Bigotis, el ratón listo y aventurero que salió a la calle y comenzó a aprender a vivir, a distinguir a las buenas personas y a sacar provecho de todas sus hazañas.

El texto se ve acompañado por ilustraciones en blanco y negro de Montse Tobella, que reflejan algunos momentos vividos por el protagonista.

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