‘La Universidad de Todomio’ de Fabrizio Silei

La Universidad de Todomio de Fabrizio Silei. Ilustraciones de Adriano Gon, Edebé, 2018. Cartoné, 296 pp., 14 x 20,5 cm., 14,00 €

Por José R. Cortés Criado

Había una vez una pareja muy especial, eran muy estirados, amantes del dinero por encima de todas las cosas, avariciosos a más no poder, egoístas como ellos solos, en fin, un matrimonio poco agradable como podéis imaginar.

Vivían para sus negocios; él, inmobiliarios y ella, anticuarios. Los señores Smirth son felices hasta que echan de menos un heredero al que dejar todos sus millones. Al principio pareció una idea disparatada, luego asumieron que era necesario y así concibieron a Primo, el primogénito y único heredero de la familia.

Si antes del embarazo tuvieron dudas sobre tener un hijo, cuando nació las dudas se confirmaron y se arrepintieron muchísimo. Así que decidieron contratar una nodriza que amamantara al pequeño y se hiciese cargo de él todo el día.

La elegida fue una joven madre campesina que añoraba su pueblo, su familia, sus campos y sus animales. Al final la nodriza volvió al campo con Primo. Los padres respiraron tranquilos.

A los ocho años decidieron que ya debían enseñarles a llevar los negocios. Fue un desastre, arruinó un acuerdo de venta de terrenos de su padre, regalo algún objeto súper valioso de la tienda de su madre, dio dinero en abundancia a un pordiosero…, cada cosa que hacía era fatal para los padres, él lo veía todo normal.

Como no aprendía y estaba arruinando a los padres, el progenitor decidió enviarlo a la universidad de Todomío, donde él acudió de niño y  le eliminaron las tonterías de querer ser pintor y se hizo un ser avaricioso, sin escrúpulos, arribista, insolidario…, en fin alcanzó todos los objetivos de la citada universidad y se convirtió en el ser abyecto que es.

Primo llegó a la Universidad de Todomío y con su ingenuidad, buen hacer, dotes de observación y todas las cosas que aprendió con su familia adoptiva transformó el centro. Primero a los compañeros, después a los profesores e incluso al peor de todos, al director.

Fabrizio Silei escribe con genialidad esta historia hilarante donde los malos lo son con avaricia. Los profesores de la universidad y los padres de Primo son la antítesis de los modelos que normalmente se ofrecen en la LIJ.

Con este libro se recupera el espíritu crítico de los modelos sociales y se cuestiona con mucha ironía la sociedad de los voraces ciudadanos que solo adoran el dinero.

Leyendo me acordé de gran Roald Dahl, no sólo por el homenaje que le hacen al poner su nombre al restaurante donde los señores Smirth comen todos los días, si no por el desparpajo del niño con tanta bondad.

Las ilustraciones de Adriano Gan recuerdan las originales ilustraciones de Quentin Blake que acompañan los textos de Roald Dahl.

Muy buen libro, divertido, atractivo, ingenioso con una gran carga irónica y humorística llevada hasta la hilaridad por Primo, bondadoso sin ningún pelo de tonto.

He pasado una buena tarde con este libro. Muy recomendable para todos.

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