‘El vaso de agua fresca’ de Miguel María Jiménez de Cisneros

El vaso de agua fresca de Miguel María Jiménez de Cisneros. Ganador de la X edición www.excelencialiteraria.com

Todas las luces estaban apagadas. No se oía ningún ruido.

Llegaban a la habitación, a través de la ventana abierta de par en par, una agradable brisa, el ladrido ocasional de algún perro cuyo dueño lo había sacado a pasear, el grito de algún joven -o no tan joven- que venía de fiesta y quería compartir su júbilo con toda la plaza y el lejano murmullo de algún coche.

Olía a noche, fresca y limpia.

Ramón, sentado en la cama aún con ropa de calle, sostenía en sus manos un vaso que acababa de beberse. El agua que le había sabido a gloria, después de llegar a casa sediento.

-¿Sabes?… Al abrir la nevera, al coger la botella de agua, al servirme y beber, calmando mi sed, me he acordado de cuando éramos pequeños y, por las noches, papá se servía también un vaso de agua –él la tomaba siempre del grifo-. Al oírlo le llamábamos: “¡Papá, papá… Tráenos un buchito de agua!” –Ramón sonrió-. Y Papá venía y nos daba el buchito. Una noche y otra, y otra más.

Qué gran hombre -he pensado-, que nos daba de beber siempre que se lo pedíamos. Luego le oíamos cerrar la puerta: él era el guardián del hogar. Nosotros (mamá y los hermanos), su tesoro. No lo hemos valorado suficientemente, pero… ¡qué gran hombre! Supo lo que es entregarse cuando cruzó media España para vivir aquí para casarse con Mamá. Y tantas veces que se desvivió para que no nos faltase de nada. No me olvido cuando nos llevaba al colegio o cuando viajábamos en coche durante los veranos y narraba anécdotas de la mili, nos explicaba pasajes de la Historia… Qué gran padre: su cara bondadosa, su pelo mitad negro mitad canoso, los chistes que contaba, su paciencia, su humildad, su piedad…

Miguel Ángel Jiménez de Cisneros

Guzmán, que compartía habitación con Ramón, llevaba tiempo echado sobre el mullido colchón. Había escuchado a su hermano en silencio, recreando todos los momentos evocados, también sonriendo.

-Sin duda, qué bueno es papá -suscribió sus palabras.

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