‘La espada y la semilla’ de Jordi Nogués

La espada y la semilla, ‘L`espasa i la llavor’ de Jordi Nogués. Grijalbo, 2019.Tapa dura con sobrecubierta, 480 pp., 20.90 €.

 

Por Anabel Sáiz Ripoll.

 

La espada y la semilla es una novela histórica que nos transporta a una época fascinante y, a la vez, muy desconocida y llena de tópicos, el S. XII. En un tiempo cambiante, tras una victoria agridulce del territorio que, con el tiempo, será Lleida, surge la necesidad de repoblar las zonas de la llamada Cataluña Nueva y a ella se entrega con ahínco y decisión el Conde Ramón Berenguer IV. Es en ese momento cuando se inicia también el proyecto de la creación de un monasterio, el de Poblet, en una zona, cerca de La Espluga de Francolí, llamada Hortus Populetum. Con los auspicios del Conde, los territorios cedidos a la orden del Císter y la ayuda del caballero Gilabert, un normando desengañado de las guerras, se inicia esta aventura tan emocionante que el escritor se dispone a narrar en las páginas de La espada y la semilla.

En 1150, doce monjes, de la Abadía de Fontfroide, en Narbona, cruzan la frontera francesa y, con la ayuda del Caballero Gilabert, toman posesión e incian la fundación, para gloria de Dios -y de los hombres del monasterio de Poblet.

Sin duda, Jordi Nogués se ha documentado de forma exhaustiva para tejer, con precisión este mosaico, ya que las fechas y los nombres de los principales personajes históricos son reales y exactos, aunque va mucho más allá porque logra introducir al lector en el alma de estos personajes ya que los dota de vida y nos los devuelve potentes y enteros para que hoy, en pleno Siglo XXI, entendamos que no somos ni los más adelantados, ni tenemos la mejor sociedad, ni hemos descubierto prácticamente nada nuevo que ya no estuviera latente en la Edad Media, esa es la verdad.

Los monjes no lo tienen nada fácil porque chocan con los intereses de Ponce y Ramón Cervera, los señores del territorio que ven en la presencia de los monjes un serio obstáculo para sus intereses económicos y tratan, sobre todo Ramón, por todos los medios, de entorpecer el avance de Poblet.

Hay que destacar, sin duda, a tres de estos personajes. Para empezar al padre Esteban, uno de los monjes fundadores, criado por el gran Bernardo Claraval, y con una personalidad muy rica y contradictoria ya que no acaba de creer en la presencia de Dios. Pese a todo es humilde y acepta los trabajos que se le encargan y que no suelen hacerle justicia a su valía. Esteban atesora una riqueza, la semilla de un álamo que trae desde Francia, desde su monasterio, con la intención de que germine en la nueva tierra. Esta semilla es esencial y tiene un valor simbólico en el relato. El álamo crece y acompaña con su fuerza y su divinidad a este monje capaz de ayudar a los demás y cargarse él con el dolor ajeno. Esteban acabó siendo abad del monasterio, aunque apenas pudo disfrutarlo porque estaba enfermo, pero sí vio acabada la iglesia, por la que tanto luchó. Por otro lado, el caballero Gilabert, un normando amigo de Robert Aguiló, el príncipe de Tarragona que repobló la zona del campo de Tarragona. Gilabert es un hombre singular, valiente, honrado, con principios, que no tolera los abusos y que sabe mantener los secretos, pero que lucha como nadie cuando su honor es mancillado. Su aspiración de dejar las armas e integrarse en Poblet se ve oscurecida por las rencillas de los Cervera, pero logra un lugar en otro monasterio de la orden del Císter, Santes Creus.

El tercero de los tres personajes, y no el menos importante, es Gaya, la hija de Ponce Cervera, una muchacha, al principio, acostumbrada al lujo y a sentirse superior. Gaya, y eso ya lo descubrirá el lector, acabará madurando antes del tiempo y muy relacionada con Esteban. Gaya no es una mujer sumisa que acepte su papel sin más, ella aspira a tener un señorío y lo acaba logrando. Sin duda, una mujer fuerte.

Otros personajes merecerían nuestra atención, los hermanos Cervera, tan distintos, el marido de Gaya, calculador y afectivo, Almodis, la madre de Gaya, fría y resentida, el abad Sancho, maquinador y un buen número más de seres, entre religiosos, caballeros, campesinos y nobles, que van tejiendo la creación de Poblet.

La espada y la semilla se organiza en 32 capítulos y un epílogo, divididos en tres partes, la semilla, la espada y el fruto. Poco a poco, lo que no era nada, gracias al esfuerzo y al trabajo, se convierte en algo y poco a poco, los personajes, gracias a su experiencia y su propio sentir, van evolucionando porque, no nos engañemos, el lector no encontrará personajes planos en el libro, no, sino seres cambiantes que se van haciendo ante nuestros ojos y se van transformando al ritmo en que lo hacía el propio monasterio.

Escrito de manera directa, con mucho diálogo y descripciones oportunas acerca de la vida, los materiales, los ciclos naturales y todo aquello que importaba en el Siglo XII, La espada y la semilla se convierte en un libro emocionante que arroja luz a una época cambiante y que demuestra que hay valores que permanecen, como la piedra sólida del monasterio. Una lectura apasionante.

 

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