‘Operación Pelusa’ de Sara Sánchez Buendía

 

Operación Pelusa de Sara Sánchez Buendía. Editorial Edebé, Colección Periscopio, 2019.
130 x 205 mm, 160 pp., 10,50 €, (+ 12 años).

Por José R. Cortés Criado.

 

“- No se atrapan a las sombras -susurró-. Las sombras te atrapan a ti”. Operación Pelusa. de Sara Sánchez Buendía.

 

El protagonista, un adolescente normal y corriente, sale del instituto con su amigo Walter y se tropiezan con Raúl un guaperas musculado al que le gusta pavonearse ante las chicas del centro. Raúl está presumiendo de su tableta de abdominales y pidiendo que le golpeen con fuerza, que él resiste todo.

Como no le hacen caso, los llama “pringaos”, y ante eso, Walter, como buen ninja no puede pasar de largo, por ello comienza a gesticular antes de atacar. Raúl se ríe y se mueve, con tan mala fortuna que Walter, que no pretendía darle, lo tumbó. Tras la caída en la fuente se golpeó la cabeza y se rompió una pierna.

Como creen que deben ayudar a Raúl a pesar de ser tan creído, se ofrecen a ayudarle y terminan siendo asistentes de Fran, la persona que entrena a Raúl, así que van al gimnasio a recoger sus toallas sucias, las llevan a la lavandería, las recogen, le preparan zumos naturales en casa, le cuidan a su gato Pelusa…

Raúl se había comprometido a realizar todos los encargos de Fran, temía y mucho no cumplir. Eso le llamó la atención a nuestro protagonista, también le sorprende que todos los que oyen el nombre de Fran cambian de una actitud agresiva o burlesca a otra de respeto y que nadie quiera cobrarles por los encargados de ese entrenador.

Lo peor vino cuando se enfrentaron al gato, este era huidizo y poco sociable. Walter buscó por la casa comida para felinos y encontró bajo la cama unos sacos enormes. Le ofreció varías trozos y el gato se transformó en una fiera súper agresiva. Los dos amigos huyeron de la vivienda.

Cuando otros chicos del gimnasio donde Fran entrenaba se enteraron de lo sucedido, le pidieron a Walter comida para sus gatos, pues no habían tenido tiempo de ir de compras y no eran los únicos que pidieron su ración.

Entre sospechas, asalto a la vivienda de Fran, destrozó de cojines y cortina por parte del gato y los extraños amigos que se acercaron a Walter, el protagonista decide actuar y hablar con Raúl para contarle todos los pormenores de lo que habían hecho. Raúl no quiere ni verlos.

A todo esto hay que añadir otras historias paralelas: que se acercan las vacaciones de Semana Santa, que Ricardo, el novio de la madre del protagonista quiere intimar con él y tienen previsto irse una semana a pescar a un lago todos juntos, la inocencia de Walter y su familia tan original.

En casa de Walter nunca se sabe cuánta gente hay, todos son bien recibidos a la hora que sea, hay primos, abuelos, amigos…, nuestro protagonista nunca sabe quién le abrirá la puerta, a nadie le extraña que venga alguien y siempre lo dejan entrar aunque sea un desconocido para él que lo recibe.

Y también hay que añadir una prima de Fran, una chica maravillosa por dentro y por fuera que toca la viola y se enamora del protagonista, cosa que este no esperaba a pesar de lo mucho que le gusta.

Al final del relato se descubre que el gato es gata y que su amo es ama. El desenlace fue rápido y la policía capturó a Fran con la ayuda de nuestro joven protagonista, en realidad, además de culturista, es traficante de esteroides.

Sara Sánchez Buendía escribe una historia cargada de humor e intriga, de dos chavales inocentes y buenas personas que quieren ayudar a otro compañero por haberle provocado un accidente y se ven envueltos en historias que le quedan lejos. Con bastante ironía se trata la venta ilegal de esteroides anabolizantes en los gimnasios.

La novela se lee rápidamente, los capítulos cortos te enganchan y la sucesión de acontecimientos hace que no pierdas el hilo de la trama, escrita de forma sencilla y amena. Como lector me pregunté más de una vez cómo le podían suceder esas cosas a estos dos niños y que a ellos no les pasase nada grave. Son dos afortunados a pesar de su candor o quizás sea por eso.

Está contada en primera persona desde la óptica de un adolescente algo ingenuo que empieza a olerse que hay gato encerrado cuando tantas personas quieren comida para gatos y termina por descubrir la trama en Benidorm antes de volver a Barcelona para irse al monte a pescar con Cardo, el novio de su madre.

 

 

 

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