‘El lobo de arena’ de Åsa Lind y María Elina

El lobo de arena de Åsa Lind (texto) y María Elina (ilustraciones). Kalandraka, 2019. 112 pp.,  15 x 23,5 cm., 15.00 e.

 

Por Anabel Sáiz Ripoll.

 

Zackarina es una niña de unos 8 años que vive con su padre y su madre en un lugar precioso, cerca de la playa. Como les sucede a todos los niños, a ella le gustaría que sus padres no trabajasen tanto o que no se buscasen ocupaciones complementarias porque lo que ella necesita es su compañía. No es que sus padres sean distantes, en absoluto, a menudo están con ella, la escuchan cantar, se ríen de sus ocurrencias, le dejan espacio suficiente para soñar, pero Zackarina quisiera más. Siempre es «ahora no tengo tiempo» o «espera un momento». A veces, incluso, es peor. Los adultos hacemos ver que nos estamos enterando de todo, cuando no captamos nada. Eso le sucede a Zackarina quien es una niña feliz, por supuesto, pero que anhela más la presencia de sus padres. Eso es. Ni más ni menos.

Un buen día, con su padre leyendo el periódico, Zackarina hace un descubrimiento que le cambiará la vida. Conoce al lobo de arena que es un ser atemporal que va acompañarla mientras ella crece. Gracias al lobo de arena, nuestra niña entenderá qué es eso de trabajar, superará el miedo a la oscuridad, empezará a captar la relatividad del tiempo y, en suma, reforzará su autoestima. Con el lobo de arena, Zackarina vivirá muchas aventuras. Es un ser paciente que nunca se enfada, que tiene una memoria prodigiosa aunque no recuerda lo inmediato, es un ser que sabe todo acerca de la tierra y del cielo. Con él tomará té, con él montará en bicicleta, con él perderá los miedos a hacer el ridículo; gracias a él aprenderá a ser más paciente con sus padres y, por lo tanto, con los adultos en general. 

El lobo de arena es un personaje maravilloso, propio de los cuentos de hadas, un amigo necesario en la infancia; pero también es un verdadero filósofo que introduce a la niña en cuestiones trascendentes como cuando le cuenta que, en realidad, nada desaparece, sino que se transforma: «El universo es todo, ¡todo lo que existe! Es aquí y ahora, y entonces y allí. Es la luz y la oscuridad, las galaxias y las estrellas, los planetas, los cometas, las trompetas y las águilas y los osos, y esos pequeños caramelos rojos con pelusas que a veces se encuentran al fondo del bolsillo de los pantalones».

La acción trascurre durante un verano y se organiza en distintos capítulos. Cuando llega el otoño, la niña ha de volver más pronto a casa y el lobo de arena le hace ver que el tiempo sigue siendo el mismo, aunque los días acorten.

Un momento muy emocionante en el relato es cuando Zackarina habla con su abuela y descubre, en la playa, una piedra grabada por su bisabuela Brita en la que hay dibujado el lobo de arena. Ese descubrimiento le produce vértigo a la pequeña que en un momento ve que la madre de su abuela también fue pequeña y que ella misma un día será abuela. Son unas reflexiones llenas de calidez y de profundidad.

El texto, muy conocido en Suecia, de donde es la autora, está escrito de manera sencilla, pero no exenta de poesía. El diálogo es particularmente importante porque es así como Zackarina aprende. Diálogo entre ella y su nuevo amigo, pero también entre ella y sus padres que la quieren y la miman, aunque no siempre tengan ni las respuestas ni todo el tiempo del mundo.

No debemos olvidarnos de las ilustraciones, cálidas y doradas, como la propia arena, como el verano, que nos trasladan a un lugar donde la imaginación es la reina y donde el tiempo transita lentamente, como ha de ser en la infancia.

El lobo de arena es, en suma, un relato tierno y realista, que profundiza en el alma infantil. Su autora, Åsa Lind, conoce muy bien ese universo y entiende muy bien cómo se siente Zackarina, su a veces soledad, su a veces frustración, pero también entiende a sus padres y sus limitaciones. Cuando los adultos crecemos, aunque, por fortuna no todos, nos olvidamos de nuestro lobo de arena. Ojalá este texto nos lo devuelva íntegro y perfumado de recuerdos y haga que los ojos adultos aprendan, de nuevo, a ver el mundo de otra manera, más sencilla, más auténtica, más noble. Bienvenida sea esta traducción, hecha por Mónica Corral y Martín Lexell, que encantará a los lectores ya autónomos y hará reflexionar a sus padres y profesores.

 

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