El velo de Helena de María García Esperón

El velo de Helena de María García Esperón. Ediciones El Naranjo, 2019. Ilustraciones de Claudia Navarro. 15 x 21 cm.,136 pag.

Por Anabel Sáiz Ripoll

 

El ser humano, desde siempre, se ha movido por los terrenos permeables de las emociones. Tres son los grandes ejes de la humanidad y tres los grandes temas literarios, el amor, la guerra y la muerte. «El velo de Helena» los recoge y los agita sin piedad para devolvérselos al lector mezclados, sin límites precisos.

Helena, la legendaria Helena de «La Ilíada», la causante de una de las guerras más cantadas y terribles de la humanidad, la de Troya, nos cuenta en primera persona su vida, llena de extrañeza y de estupor ante ella misma y lo que era capaz de causar su belleza a la que la propia Helena era ajena puesto que no consideraba que fuese algo propio, algo que hubiera conseguido por sí misma. Helena se convierte en un trofeo para los príncipes que se la disputan, aunque a ninguno le interesan sus pensamientos ni mucho menos sus sentimientos y ella se deja hacer sin oponer resistencia. Helena se sabe en manos de la diosa Afrodita quien, por algún extraño capricho, la ha escogido como objeto de cambio entre ella y los mortales; de ahí que le haya regalado su propio velo, el que da título al libro y que se convierte en un símbolo poderoso a lo largo del relato.

María García Esperón no es la primera vez, ni será la última, que se deja sacudir por las entrañas de la épica y del mundo clásico en donde se pueden leer todas actitudes humanas. Ya nos habló de la desgraciada Dido, en «Dido para Eneas» y de la joven Copo de Algodón y ahora vuelve su mirada sensible hacia Helena, la aparentemente poderosa princesa espartana, primero, y troyana, después. para seducirnos con una versión de los hechos algo alejada de la oficial, aunque con los mismos personajes y las misma fuerza narrativa.

Helena escogió a Menelao, aunque tampoco sabría decirse por qué, lo hizo y eso bastaba. Vivió unos años de tranquilidad y también de aburrimiento, hasta que Paris, el tercero en discordia, apareció en su vida y la conmocionó con sus maneras, su poderío, su seguridad aplastante y la promesa de un verdadero amor. Helena es la mujer que deja atrás su vida, que quema las naves y se enfrenta, valiente, a un futuro tal vez incierto, pero que la hace sentir viva. En realidad a Helena nadie la quiso por ella misma, sino por lo que representaba, por su belleza, por ese regalo envenenado que le hizo la diosa. Nadie la quiso , es cierto, ni el rubio Menelao, ni el hermoso, aunque, quizá sí hubo alguien que la amó más allá de lo que ella representaba y ese fue Héctor, el hermano de Paris, quien la defendió y no dudó en ir a la guerra y en mantenerla si con ello la protegía. Héctor y Helena, como ella misma dice, son, en el fondo, el mismo ser humano.

Por las páginas de «El velo de Helena» se mueven, humanizados y cercanos, aunque sin perder ni un ápice de su fuerza, todos los personajes que conocemos gracias a Homero. Acompañamos a Aquiles, sufrimos por la muerte de Patroclo, lamentamos el destino de Casandra, empatizamos con Príamo, admiramos la astucia de Odiseo, lloramos por Héctor y sentimos cierto desdén por Paris que no nos cae del todo bien, que nos parece un cazador de trofeos, aunque sí somos capaces de entender que también fue un títere en manos de la diosa del amor.

La novela se organiza en 20 capítulos y un postfacio en los que Helena, como ya hemos dicho, desgrana su vida y se sorprende de, después de ser la causa de una guerra, ella, precisamente ella, siga con vida y es que los designios de los dioses poco tienen que ver con los de los mortales.

«El velo de Helena» es un relato espléndido, muy vivo, directo, que recorre todas las emociones humanas y da protagonismo a una mujer no siempre bien tratada por la posteridad. Gracias a esta nueva perspectiva podemos aceptar la grandeza de un personaje que se vio sometido a una encrucijada que ella jamás quiso y de la que no pudo huir. Es la propia Helena, por otra parte, quien teje en una labor espléndida los principales capítulos de una guerra que, aunque le duela, sabe que es primordial que nunca se olvide y que siga en nuestra memorias porque nunca debemos perder de vista ni de dónde venimos ni de qué material estamos hechos. Esa es la gran verdad de Helena, hija de dios y mortal, condenada a morir por su belleza y obligada a seguir viviendo por esa misma causa. Helena, Kalliste.

La novela va destinada al público juvenil, aunque, como siempre decimos, gustará a cualquier lector amante de la buena literatura en general y de la literatura clásica, en particular.

No olvidamos tampoco las ilustraciones Claudia Navarro que, ya en la portada, nos muestran el símbolo de la diosa y de los humanos, cual marionetas, en sus manos.

 

 

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