‘Chavela Vargas. Cuántas luces dejaste encendidas’ de Carmela Trujillo

Chavela Vargas. Cuántas luces dejaste encendidas de Carmela Trujillo. Ilustraciones de Javi Hernández. Editorial Libros de Ida y Vuelta, Colección Retratos, 2019. 170 x 120 mm., 36 pp.,10 €, (+14 años).

 

Por José R. Cortés Criado.

 

“Nadie muere de amor, ni por falta ni por sobra.”

Chavela Vargas.

Este libro es una pequeña joya. Nada más tocarlo notas que es distinto a otros, su pasta rugosa de cartón gofrado sin colorear, el corazón en llamas y cruzado de espinas, la sobriedad de las letras en negro y su estrecho lomo, la portada y la contraportada son de un grosor considerable, pegadas a las guardas rojas, por lo que su lomo es más estrecho que el volumen.

Al margen de esta delicadeza en su formato, comenzar a leer es entrar en otra dimensión lírica. Carmela Trujillo escribe con sumo cuidado y amor unos datos para que nos acerquemos a una de las mujeres más influyentes de nuestra época.

Como toda biografía comienza por su infancia, y la de la costarricense María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano no iba a ser menos. Desde pequeña fue rechazada por su madre y su aspecto poco femenino le trajo algún que otro contratiempo. Fue criada por unos tíos, se trasladó a México, sufrió la poliomielitis y se rodeó de chamanes para su curación.

Antes de dedicarse a la música fue cocinera, costurera, chófer, hasta que conoció al gran José Alfredo, que le abrió al mundo de las rancheras, boleros, tangos…, siendo grandes amigos y compañeros de farras durante muchos años.

En este repaso por su vida, se recuerdan sus amistades, ya sean músicos, escritores, pintores, poetas o artistas de Hollywood. A pesar de sus amistades y sus borracheras, era la más macha entre los machos y la más solitaria; de su desconsuelo dejan constancia sus letras, su voz desgarrada, su vestimenta como hombre, su revolver al cinto y su alcoholismo. Pasó muchos años alejada del mundo por su adicción al alcohol.

Esta hembra con aspecto poco femenino se declaró lesbiana con 81 años, un año antes dejó de probar el alcohol y vivió sobria hasta su último día. Su carrera musical se relanzó después de doce años y volvió a triunfar, incluso el director de cine español, Pedro Almodóvar, apostó por su valía; corría el año 1991, recibió numerosos galardones y con 93 años grabó su último disco, un homenaje a Federico García Lorca.

A lo largo de las páginas del libro se siente la presencia de “la chamana”, pues como ella dijo, nunca moriría, porque los chamanes trascienden, Carmela Trujillo ha intercalado en sus palabras citas de Chavela Vargas que engrandecen el texto y le dan otra sintonía, más cercana al intimismo.

Junto al texto aparecen seis dibujos de Javi Hernández realizados con lápices de colores, todos ellos de sombreados en tonos grises que contrastan con los espacios en blanco. Cada lámina refleja algunos de los aspectos de su vida, ya sea su soledad infantil, su identidad sexual, su corazón dolorido o ella y su inseparable guitarra.

Esta obra es la segunda de una colección llamada Retratos, que se ocupa de pequeñas biografías de personalidades del mundo de las artes. Estos libros son de pequeño formato, se encolan a mano, se hacen pequeñas tiradas y todos los libros están numerados; esta es de quinientos ejemplares y el que yo tengo es el número trece.

Libros como este acercan la vida de personas importantes de forma agradable, concisa y emotiva.

 

 

 

 

 

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