Entrevista a Jordi Solé, autor de ‘El Tigre y la duquesa’


“Vi un reportaje sobre los Pink Panthers en la tele y me quedé pasmado. ¿Cómo no había oído hablar antes de estos tipos?”.

Había películas, reportajes, incluso cómics… pero ninguna novela protagonizada por ellos, los Pink Panthers, una banda (mejor sería decir un ejército) de ladrones responsables de golpes difíciles de imaginar, más aún de ejecutar. Jordi Solé acaba con esa ¿anomalía? en una ficción cuya cara amable, aunque atormentada, es una mujer, Elisa Giralt. Hablamos con él de El tigre y la duquesa publicada por Harpers Collins.

P. Esta es la primera novela protagonizada por los Pink Panthers, una organización criminal de ambición y tamaño desacostumbrados. ¿Qué te llevó hasta ellos?

R. Vi un reportaje en la tele y me quedé pasmado. ¿Cómo no había oído hablar antes de estos tipos si son la monda? Me parecieron carne de novela, de película y de todo. Luego empecé a buscar en Internet y cada vez flipaba más. Una sugerencia: vete a YouTube y cliquea Pink Panthers. Dos de las tres primeras entradas son grabaciones de cámaras de seguridad de golpes suyos. ¡Una pasada!

P. Es una banda de leyenda (criminal, pero leyenda). ¿Cabe decir que la realidad supera a la ficción?

R. Solo te cuento una cosa: la Interpol creó un grupo con agentes de 23 países, el “Pink Panthers Project”, con el único objetivo de echarles el guante. Ese honor no lo ha tenido en Europa ni la mafia italiana.

P. Esa es la parte, digamos, mala. La buena tiene nombre de mujer: Elsa Giralt. Y está en una encrucijada profesional, ante la que quizá sea su última oportunidad…

R. No me gustaba la idea de jugar con un héroe al uso: sano, decente, impoluto. Por eso me fui al otro extremo. Al empezar la trama Elsa está hecha una mierda: bebe, tiene impulsos suicidas, la culpa la aplasta… Se toma el caso como su última oportunidad y eso hace que acepte cosas que en otros tiempos habría rechazado de plano.

P. ¿Nos presentas a Santi, su contrapunto?

R. Santi es un poli joven, guaperas, echao pa’ lante. También está en un momento muy complicado de su carrera y piensa que Elsa puede ser su tabla de salvación. En realidad, son dos animales heridos que en circunstancias normales ni se fijarían el uno en el otro, pero que ahora se lamen entre ellos.

P. En los últimos tiempos, Barcelona ha sido noticia por un notable aumento de la criminalidad, o esa es la sensación que algunos han querido transmitir. ¿Es un escenario inspirador?

R. Sí, pero no por eso. Yo no vivo en Barcelona, pero como si viviera. Y, creedme: cuando uno ve lo que se dice en la tele hoy en día, le da vergüenza pertenecer al gremio del periodismo. La ciudad inspira, sí, pero por otros motivos.

Sólo en el siglo XX, durante la I Guerra Mundial fue un campo de batalla para los espías de ambas potencias; luego, escenario de la guerra sucia entre los pistoleros de la patronal y los de los sindicatos. Después, de la lucha antifranquista. O sea, que nos va la marcha. Y luego, por otro lado, es un escenario fabuloso desde el punto de vista meramente estético.

P. La novela sale de manera casi simultánea en catalán y castellano, y tú mismo te has encargado de la traducción. ¿Qué retos añadidos plantea eso?

R. Pues como autor, la verdad es que es muy instructivo traducirte a ti mismo. Porque cada lengua tiene sus resortes propios y te das cuenta de cómo, para decir lo mismo pero que suene bien muchas veces hay que utilizar otras palabras, otros recursos. Buscar otra manera. Cambiar de manera de pensar. No es la primera vez que lo hago y cada vez me gusta más el ejercicio.

P. Si no estoy equivocada, no hay versión en castellano de “La nit de Damballah”, considerada una de las mejores novelas recientes en catalán. ¿Es, en efecto, así? ¿Por qué?

R. Bueno… a ver… es verdad que alguien me ha echado alguna florecilla últimamente. Pero de ahí a ser una de las mejores novelas recientes en catalán, hay muuuucho trecho. Y no es falsa modestia, ¿eh?

Hay mucha gente que me da diez vueltas. Aun así, mentiría si te dijera que no me parece un buen libro y que creo que tiene lo necesario para gustar aquí y en Oslo. ¿Por qué no hay edición española? Eso tendrían que decirlo los editores. Porque, a mí, ganas no me faltan. Pero sí quiero terminar con una reflexión: sorprenden, y mucho, las tremendas dificultades que tienen autores que escriben en catalán, no ya de vender en castellano, sino de ser siquiera publicados. ¿Qué nos dice eso? Que cada uno saque sus propias conclusiones…

 

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