El secreto del colibrí dorado,

El secreto del colibrí dorado de Ana Alcolea, Anaya, 2019.

Por Anabel Sáiz Ripoll.

Ana Alcolea tiene la capacidad de convertir en verdad cualquier tema que trate. No escribe libros edulcorados, llenos de tópicos y mensajes esperados, no, en absoluto. Ana Alcolea es una observadora de la vida y, como tal, pocas cosas le son ajenas. En esta ocasión retoma algunos personajes que ya conocemos de El secreto del galeón y les permite evolucionar o, tal vez, es la propia escritora la que evoluciona con ellos al darles una nueva oportunidad. Encontramos a Carlos y a Elena, la joven pareja que sigue su relación amorosa, aunque con muchos escollos; tantos que, como suele suceder, no hay un «y comieron perdices», sino un cambio, una vuelta de tuerca.

Elena sigue su camino como bailarina y Carlos ha de hacer lo mismo, aunque le cueste aprender a entender qué le pasa y lo pague con su madre, Marga, quien, pese a ser adulta tampoco lo tiene nada fácil ni con su relación con su exmarido, o lo que siga siendo, ni con los problemas que se le vienen encima por le enfermedad de Paquita, la viuda de su marido que, en la actualidad, padece de Alzheimer y, aunque ella no la sienta como madre, se preocupa por su bienestar. Ese es el entramado de la historia presente, la actual, a la que se añade un nuevo personaje, fascinante, Amelia, una mujer guatemalteca que vive en España y trabaja cuidando a personas mayores para poder pagar un buen futuro a sus dos hijos.

El personaje de Amelia es rotundo, sólido como una roca, sin fisuras y es el punto de inflexión que necesita Marga o Carlos o la propia Paquita quien, cuando la enfermedad le da tregua, aún dice grandes verdades y, sin enmascar, las sigue formulando en sus momentos de desorientación. Carlos siempre le ha echado en cara a su madre que no la considere de la familia y es posible que así sea, pero tiempo tendrá el lector de entender los sentimientos de Marga y de aprender a no señalar a nadie con el dedo.
Paralelamente, como le gusta a la escritora, se nos relata una historia muy hermosa, llena de poesía, pero también de dureza y crueldad. Nos situamos en el S. VIII d. C., en plena civilización maya, cerca de Tikal. Una familia, a quien el Jaguar mandó sacrificar, sobrevive gracias al trabajo artesano de la madre, Tenamit. La hija pequeña, Iq, lleva el nombre del colibrí al que ciertamente se parece. Sus tapices son tan hermosos que la reina los manda llamar cerca de palacio para que le teja en exclusiva. Es allí cuando comienzan los problemas y surge el amor entre, ni más ni menos, el hijo del Jaguar e Iq. Mientras, la naturaleza se torna enemiga y el Gran Sacerdote pide sacrificios humanos. Y es ahí cuando tiene un papel decisivo.

Amelia, por su parte, cuando tiene algún tiempo, teje una imagen aprendida de sus antepasadas. Mientras le cuenta la historia a Marga, entendemos que es la misma que, paralelamente, se nos está narrando y casi saltamos del asiento cuando descubrimos que la figura que falta al tapiz es Iq, la pequeña joven, que realmente se convirtió en colibrí.

El secreto del colibrí dorado está narrado en tercera persona y maneja perfectamente los tiempos y los espacios. La evolución de los personajes, asimismo, es impecable, aunque diríamos que quien más evoluciona es Carlos que acaba el relato en Guatemala para cooperar en una ONG en el colegio de los hijos de Amelia y descubriendo, por sí mismo, el principio de la leyenda que da nombre al libro.

Sin duda, un relato bien trabajo y exquisitamente contado, que ahonda en problemas familiares, sean de una época o de otra, en cuestiones sociales. Da también una visión lírica de la naturaleza y, a partir de un objeto, como puede ser un tapiz teje, nunca mejor dicho, una historia emocionante.

Hay que mencionar la portada de David Guirao quien suele ilustrar los libros de Ana Alcolea y conoce perfectamente su mundo. Entre los dos, ciertamente, hay una gran complicidad.

Cabe añadir que con la compra el libro se colabora con ADUYA, organización no gubernamental para el desarrollo de proyectos humanitarios en Guatemala,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: