‘Ninfa rota’ de Alfredo Gómez Cerdá

Ninfa rota de Alfredo Gómez Cerdá. Editorial Anaya, Colección Premio Anaya, 2019. 140 x 210 mm., 192 pp.,12 €,  (+ 14 años).

Por Anabel Sáiz Ripoll.

 

Con Ninfa rota, Alfredo Gómez Cerdá obtuvo el XVI Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil y no es para menos, como advertirá el lector.

Ninfa rota es una novela valiente que nos hiere y nos sacude de forma profunda, pero que también nos hace pensar y reflexionar acerca de lo que podríamos llamar relaciones tóxicas aplicadas a una pareja de adolescentes.

Marina, en primera persona, comienza escribiendo en un cuaderno, por imperativo del psicólogo, toda la historia y el porqué se encuentra de esa manera, desmadejada y sin ánimo para luchar. Marina, en apariencia, tiene todo para ser feliz. Sus padres la adoran y sus amigos, sobre todo Nerea, también.

De pequeña su madre le contaba historias mitológicas y su padre cuentos tradicionales para tratar de compensar. De ahí, quizás, que Marina tenga sueños obsesivos con un fauna y una ninfa, que mantienen una relación poco natural, de fuerza por parte del fauno, de sumisión y miedo por parte de la ninfa. Estos sueños son importantísimos para entender cómo se siente Marina.

La joven se enamoró de Eugenio, un compañero de clase quien, en poco tiempo, le robó la voluntad. Exigiéndole total confianza, Eugenio tiene todas sus contraseñas y acceso a su intimidad, pero total y absoluta. Marina ha entregado su voluntad a Eugenio, aunque no sé dé cuenta, aunque no crea lo que le dice Nerea quien ve con claridad qué está pasando. La relación se convierte en exclusiva y extraña, hasta que es el propio Eugenio quien la corta. Eso a Nerea le supone un mazazo, un momento de angustia y desvalimiento total. Lo que no sabe la joven es que Eugenio la quiere probar con su mejor amigo, Guillermo, lo que da lugar a una escena de celos y violencia que descubre a los padres de Nerea la realidad. Son ellos, su madre, quien le busca el psicólogo y quien no le pierde vista de encima. Nerea se resigna a escribir el relato, aunque, y eso es demoledor, no sabe cómo acabarlo, no sabe. Ella ha perdonado a Eugenio y, en el fondo, se siente culpable de lo que ha pasado y se pregunta si él la habrá perdonado a ella.

Este final abierto nos deja helados, con el alma en vilo y con una sensación angustiosa ya que Alfredo Gómez Cerdá nos pone en la piel de la víctima, que está tan dominada por el fauno, por Eugenio, que duda de la realidad y se refugia en lo que podría haber sido, en su amor que sí fue de verdad.

Ninfa rota no va dejar a nadie indiferente, no es una lectura placentera, pero sí necesaria. Está escrita con total respeto y con un conocimiento profundo de todos los puntos de vista, del alma del personaje principal. Nerea está pidiendo ayuda a voces, necesita un buen final… ¿Podremos ayudarla?

 

 

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