‘Chico y Abril’ de Miguel Ángel Monleón Viana

Chico y Abril

Chico y Abril de Miguel Ángel Monleón Viana. Editorial Edebé, colección Tucán, 2019. 130 x 195 mm, 164 pp., 9,60 €, (+ 10 años) 2109.

Por Jose R. Cortés Criado.

“No todos los deseos se cumplen, no todos los proyectos se realizan…Y esto no nos hace menos personas.”

Chico y Abril de Miguel Ángel Monleón Viana.

Chico y Abril son dos jovencitos de doce años que les une el hecho de que la abuela del del primero y el abuelo del segundo vivan en viviendas colindantes, a parte de una especial atracción.

Los ancianos viven solos, son muy distintos; él, desordenado, despistados y con el síndrome de Diógenes y vive rodeado de todo tipo de cachivaches, periódicos, muebles, revistas viejos; ella, muy zen, amiga del orden, de la sencillez, vive con escasas pertenencias y se entretiene haciendo surcos en su jardín japonés.

Viven plácidamente, en un espacio verde muy amplio, cerca de la biblioteca pública, en un barrio popular de casitas bajas donde viven otros muchos ancianos, hasta que los especuladores, ya sean constructores o políticos, ponente sus ojos sobre los terrenos y sueñan con un gran centro comercial y unas nuevas carreteras.

Así que la vida plácida, los espacios verdes y los árboles centenarios corren peligro, además de los ancianos, sobre todo los dos abuelos protagonistas, que reciben unas cartas del ayuntamiento anunciándoles el desahucio y demás trabas para echarlos de la vivienda y enviarlos a una residencia de ancianos.

Menos mal que los nietos sienten un gran amor por sus abuelos, no quieren que se marchen lejos de allí y buscan una solución al tema. Abril toma la voz cantante y comienzan a despejar la casa del abuelo, deben rápidamente limpiarla, desocuparla de basuras y hacerla habitable.

Gracias a los dos niños, a sus compañeros de colegio y a otros vecinos logran evitar que los especuladores se salgan con la suya, pero sobre todo que los viejos vecinos no pierdan sus viviendas, la biblioteca pública no desaparezca de allí y sobre todo, que los ancianos dejen de estar solos.

A pesar de ser dos personas muy diferentes, lograron encontrar puntos en común que facilitaron que ambos iniciasen una nueva fase de amistad; lo mismo le ocurre a los dos jóvenes, descubrieron que los unía algo más que la vecindad de los abuelos. Así que los lectores descubren dos historias de amor, la de los pequeños y la de los ancianos.

La novela está escrita de forma ágil, en capítulos breves, que acaban de forma sorprendente para que sigas leyendo el siguiente, y así, sin darte cuenta, llegas al final del libro rápidamente.

Los diálogos son frescos, agilizando bastante la trama, los textos narrativos breves, los personajes buenos y malos muy marcados, sobre todo los villanos, estereotipos muy comunes en cuentos y películas.

El libro defiende un tipo de ciudad que piense en sus habitantes y facilite la convivencia entre ellos, lejos de las urbes modernas donde los grandes superficies, las autopistas y los bloques colmenas deshumanizan las disuades.

Además se involucra en la soledad de las personas mayores cuando se sienten joviales y desean vivir en sus hogares donde residieron la mayor parte de su vida. Desdeña desde el principio que la alternativa sea una residencia para ellos.

Buen libro, entretenido, simpático que gustara a los jovencitos y a los mayorcitos, pues tanto se ven reflejados en él los niños y los viejos.

 

 

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