‘Cuando la luna llora’ de Chiki Fabregat

cuando la luna llora

Cuando la luna llora de Chiki Fabregat. Editorial Edebé, Colección Periscopio, 2019. 130 x 205 mm., 240 pp., 10,50 €, (+ 12 años).

Por José R. Cortés Criado.

«La abuela murió una noche sin luna. Mamá dijo que se había apagado como se apagan la velas, dando más luz en el último momento.»

Chiki Fabregat: Cuando la luna llora.

Cora es una chica que vive en Madrid y tenía mucha sintonía con su abuela. Esta siempre tenía alguna historia que contarle y muchos secretos. Además todos sus deseos, recuerdos, fechas… estaban relacionados con la luna. Que si hay que esperar una luna para desvelar un acertijo, que si cuando llegue la nueva luna ocurrirá…

Cuando su abuela paterna fallece todo cambia. La niña ya no tiene la confidente cerca, el padre siente su gran pérdida y la madre se suma al dolor. Los cuatro vivían juntos. Así que deciden llevar sus cenizas a Covanegra, un pueblo casi abandonado en la provincia de León.

La abuela nunca quiso volver a su pueblo, allí la llamaban bruja. El padre no conocía el lugar, su madre lo abandonó de pequeña y vivió en Madrid, nunca volvió pero nunca dejó de hablar de él.

Cuando llegaron al pueblo, a Cora se le cayó el alma al suelo, cuatro casas habitadas, otras semiderruidas y un caserón con muchas leyendas a cuestas, al igual que el río. En este depositaron las cenizas.

Los vecinos fueron muy amables, acogedores y con ganas de restaurar el pueblo abandonado. Tan buena fue la acogida que los padres de Cora decidieron dejar Madrid y venirse a ocupar una de esas casas medio habitables.

Los padres encantados, estaban algo cansados de la capital y el trabajo no les iba muy bien; la jovencita, decepcionada, cree que pronto volverán, no quiere nada del pueblo. Aquí todo el mundo es algo raro; un alemán que dice que busca libros antiguos, una farmacéutica que busca algo más que vender medicamentos; una anciana, a la que llaman “la loca” que está sola y desvalida; un ser extraño, no se sabe si es un fantasma o un ser inmortal que atrae a Cora; un jovencito y su madre de pelo rojo, que huyen de no se sabe qué; un señor que se viene abajo cuando envenenan a su perro, y si eran pocos, aparecen dos hombres supermusculados con caras de pocos amigos.

Todos se mueven en escaso metros junto a un río, una iglesia y un campo de fútbol. El lugar es extraño, el paisaje, las moras con amapolas, los túneles subterráneos, los ciclos lunares…al final algunos delos habitantes no son lo que aparentan y en esas cuatro casas semiderruidas hay algo más que piedras y árboles.

La novela te tiene en tensión desde sus inicios, siempre temes que suceda algo inesperado y catastrófico; los dos únicos jóvenes del pueblo hacen cosas de jóvenes que pueden resultar peligrosas aunque ellos no sopesen el peligro tanto como el lector. La luna está omnipresente en todos los capítulos y cuando ella sale comienzan los sueños y las pesadillas.

Chiki Fabregat sabe retratar muy bien a esa abuela casi mística que tiene deslumbrada a su nieta; narra sucesos que se mezclan entre lo onírico, lo terrorífico y lo fantástico, entrecruza historias de amores reales y mitológicos y, además, refleja los problemas que tiene la España despoblada, con esos pueblos que desaparecen y se convierten en lugares fantasmas.

Creo que gustará a los jóvenes con ganas de leer sobre niñas abandonadas, brujas, influencia de la luna, seres extraños, misterios, amores, relaciones familiares e investigación. Cora logra descifrar muchos misterios, participar en casi todos, olvidarse de Madrid, enamorarse y quedar atrapada por el embrujo de Covanegra.

Esta obra quedó finalista en el Premio edebé de Literatura Juvenil.

No te pierdas nuestra entrevista a la autora en TopCultural

 

 

 

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