Sebastián Roa, autor de ‘Nemesis’: “Si Jerjes la hubiera escuchado, tal vez nuestra historia habría sido diferente”

Némesis
@Manuel_Orts

En estos tiempos en los que desplazarse es tan difícil, hay autores empeñados en que viajemos no ya en el espacio, también en el tiempo. Sebastián Roa nos lleva hasta esa época en la que Jerjes era el rey del mundo, cuando una mujer, Artemisia de Halicarnaso (la actual Bodrum, en Turquía) desafió a los varones que la rodeaban para convertirse en uno de ellos… y en una leyenda. No os perdáis nuestra entrevista al autor de Némesis (Harper Collins).

 P. ¿Quién fue Artemisia de Halicarnaso?

R. Una noble caria del siglo V a. C. Gobernaba sobre una importante ciudad asiática y tres islas del Egeo. Rendía tributo al imperio persa y, cuando este se enfrentó con los griegos, se presentó para ayudar con cinco naves de guerra. Ella luchaba a bordo de una de ellas. El rey Jerjes reconoció que fue su mejor consejera en este conflicto, y lamentó mucho no haber escuchado sus avisos. De haberlo hecho, tal vez nuestra historia habría sido diferente.

P. ¿Cómo llegó hasta ella?

R. A través de Heródoto, paisano y coetáneo suyo. A él le llamó mucho la atención, y se nota en sus escritos. A mí me pasó igual. La ficción no ha aprovechado su potencial, y eso no puede ser.

P. Dado lo poco que la historia conoce, el margen para la imaginación es amplio. ¿Cómo construyó al personaje?

R. Sabemos poco de ella, pero ese poco es importante y marca hitos desde los que arrancar y, sobre todo, a los que llegar. El entorno geográfico y el tiempo en que vivió aportan más datos aprovechables para imaginar su crecimiento, los obstáculos probables a los que se enfrentó. Lo demás fue adaptarla para contar una historia sobre el destino y el libre albedrío.

P. En una novela sobre una mujer fuerte, ¿es fácil dibujar a los personajes masculinos?

R. La dificultad ha sido enfocar la novela desde un narrador en primera persona femenina. He diseñado personajes de ambos sexos en otras ocasiones, y no encuentro gran diferencia. Pero meterse en la mente de una mujer es distinto. Ahí me lo he tenido que trabajar y pedir algo de ayuda. Si no hubiera sido por mi hija Yaiza…

P. Quizá es la misma pregunta, pero desde otro ángulo: cuando se elige como protagonista a una mujer sin duda excepcional, ¿es fácil recrearla sin convertirla en algo que no fue?

R. Es que no sabemos cómo fue, así que no iba a acertar de todos modos. Con lo que nos cuentan las crónicas es imposible replicar toda la complejidad de la Artemisia auténtica. No pasa solo con ella. Pasa con cualquier persona del pasado, sea del sexo que sea. Esto se olvida con frecuencia cuando hablamos de novela histórica. Por eso suelo decir que todos los personajes de las novelas históricas son fantásticos. ¿Calcar psicológicamente a otro ser humano? No podemos hacerlo con quienes nos preceden cincuenta años, para qué hablar de una mujer de hace veinticinco siglos que, además, se salió de todos los estándares.

P. La época a la que nos retrotrae tiene tintes épicos. ¿Se puede caer en la tentación de idealizar un periodo que pudo ser, para quienes lo vivieron, tenebroso?

R. En ficción se puede hacer de todo. Convertir en vulgar lo excelente, hallar la épica en lo cotidiano. Ver la luz en la oscuridad y viceversa. De hecho, encuentro más interesantes los enfoques inesperados. Las estanterías ya están llenas de novelas conformistas, rigurosas y canónicas.

P. La descripción de navegaciones y batallas navales tiene un espacio importante en la novela. ¿Es usted navegante? ¿Cómo se documentó para revivir esas singladuras?

R. Soy de Teruel, un sitio en el que el agua se ve habitualmente convertida en chuzos congelados. Por otra parte, luchar en el mar actual no tiene nada que ver con lo que había hace 2500 años. Pero para eso está la imaginación, y existen buenos trabajos académicos sobre navegación antigua. Además, me empapé de la experiencia del Olympias, un trirreme en activo en la Armada griega, fiel réplica de las naves de guerra del siglo V a. C.

NémesisP. Entiendo que el escritor debe proceder a una descripción técnica adecuada, sin errores, cuidándose mucho de no caer en lo demasiado prolijo, no aburrir y abrumar al lector. ¿Es un equilibrio difícil?

R. No es fácil, hay que tirar de sentido común y centrarse en el verdadero objetivo. Una novela no debe ser un manual en el que el autor demuestre todo lo que se ha documentado. Los detalles técnicos pueden aparecer de manera sutil y para cumplir su auténtica función, que es amueblar el escenario, dar ambiente, arrastrar al lector a una época pretérita. Pero si se vuelca uno demasiado en la descripción o se pasa con los datos, la novela empieza a renquear, se atasca y acaba convertida en eso que llaman historia novelada.

P. Usted es considerado uno de los grandes de la novela histórica española. ¿Qué le hace ser fiel al género? Y, ¿a qué atribuye su buena salud?

R. Contextualizar la acción en momentos convulsos ayuda, y hay épocas especialmente agradecidas para eso. El conflicto abunda cuando el ser humano se halla en el filo de navaja, al borde de la aniquilación, amenazado por el fanatismo, decidido a llevar a cabo una venganza de sangre. Vivimos en la mejor época de la historia, precisamente porque es la más aburrida. También por eso viene bien salir de la zona de confort, tanto para escribir como para leer.

P. En estos tiempos en los que muchos confunden realidad y ficción (un ejemplo: ANTIDISTURBIOS provocó la reacción indignada de algunos policías, que parecían creer que la serie era un documental tergiversado y malintencionado), cuando las novelas (y las series, y el cine) parecen ser el sustento cultural de tantas personas que nunca cogerán un libro de historia, ¿tienen ustedes algún tipo de responsabilidad añadida?

R. El novelista responde ante la verdad literaria, y esa puede alcanzarse rimando sobre una guerra antigua en la que los dioses se alinean con los hombres, o describiendo un mundo amenazado por un señor oscuro que forja anillos de poder. ¿Responsabilidad por no ajustarse a la realidad inmediata? Me rebelo. Déjeme contarle un secreto: yo llevo más de treinta años en la Policía Nacional, y durante siete de ellos presté servicio en una Unidad de Intervención. Para entendernos: fui antidisturbios. Me ha nombrado usted esa serie y las reacciones que suscitó entre algunos sindicatos policiales y espectadores desorientados. Bien, he visto ANTIDISTURBIOS. Y puestos a comparar ficción con realidad, no existe parecido entre esos policías y los que forman parte de las UIPs auténticas. Pero es que juzgar una ficción con los criterios de la realidad es absurdo. La serie es una exhibición de calidad técnica. El guion es genial, los actores se salen (todos) y la realización es fabulosa. Me encantó, y me hizo sentir emociones muy reales. Repito: una ficción me provocó una reacción real ¡A mí, que sé de qué va la vaina! ¡Esa es la magia! Los sindicatos plañideros están tan despistados como los que creen que los auténticos policías antidisturbios son esos de la serie. Unos y otros deberían relajarse y disfrutar más de la ficción. Mi consejo directo es que lean.

 

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