Entrevista a María Codes autora de ‘Conservar al vacío’: “¿Si es difícil prescindir de la palabrería? Dificilísimo”

María Codes

 

Esta semana entrevistamos a María Codes por su poemario Conservar al vacío publicado recientemente por la editorial Trea. Dice María Codes que en este poemario hay quizá un diálogo con un interlocutor imaginario con quien se habla de lo peor, de la barbarie, de lo grotesco, del crimen… Porque los poemas que ha escrito nacen de noticias, o de informes, material en principio nada poético al que ella extrae el aire para extraer su esencia y conservarla. Al vacío.

P. Hacemos esta entrevista en el día en el que se cumplen cien años del nacimiento de Paul Celan. “La poesía es un regreso a casa”, dijo. ¿Lo es en tu caso?

Me pregunto en qué momento de su vida lo dijo, pero es inevitable pensar en Celan como el poeta que escribió el Holocausto, a su “regreso a casa”. En mi caso, pienso en la metáfora de la casa como en ese lugar al que se vuelve como punto de partida. Para mí, la poesía no es un lugar confortable ni un refugio, sino más bien el lugar donde está el origen de una idea, de una emoción, de un pensamiento.

P. Además del nombre, que te has acortado, ¿qué más cambia de la María (José) Codes prosista a la María Codes poeta?

Cambia todo o mucho (risas). Cuando escribo un poema, necesito una concentración más intuitiva, es como buscar a ciegas algo vivo que está muy cerca. Cuando escribo una novela, necesito visualizar —más que intuir— hacia dónde conduce la historia, a largo plazo.

P. ¿Qué te permite hacer la poesía que la prosa no autoriza?

Me permite trabajar de manera más abstracta con la lengua. En la narrativa hay palabras que pesan más que otras. Por ejemplo, los sustantivos pesan más que los adverbios. Creo que en poesía las reglas no son las mismas. Una palabra se llena de significado (y de peso connotativo) por su asociación con otras, por su posición o por su soledad en un verso. El espacio también importa.

Conservar al vacíoP. El último Premio Cervantes ha recaído en un poeta y el último Nobel, en una poeta. La poesía goza de un gran prestigio artístico, pero no parece que la nuestra sea una sociedad muy poética…

Eso parece (risas). No es poética, ni artística, ni literaria en sí misma, pero puede convertirse en objeto poético, artístico o literario.

P. En el prólogo de tu libro se hace referencia a un artista japonés, Haruhiko Kawaguchi, y a su trabajo “Flesh Love” que hizo lo que tú haces. ¿Es una inspiración directa o es un paralelismo establecido por el prologuista?

Fue Antonio Ortega (maestro poeta y amigo), quien lo vio así. Supongo que, en parte, porque sabe que algunos poemas provienen del mundo del Arte.

P. La poesía es pelear por la palabra justa, ir a la esencia. En ese sentido, es como quien guarda un edredón hinchado y extrae el aire el paquete; o, sí, como envasar al vacío. ¿Es difícil prescindir de la palabrería, librarse de la hojarasca?

Me encanta cómo expresas la secuencia de ideas, lo de «extraer el aire» para quedarse con la esencia de la palabra justa. ¿Si es difícil prescindir de la palabrería? Dificilísimo. Yo no lo consigo, siempre hay algo que sobra, por más que revise una y otra vez. Es demasiada tentación la de la exuberancia de las palabras.

P. Las noticias son fuente de inspiración para los poemas… curiosa fuente de inspiración, ¿no? ¿Por qué has elegido este camino?

Más que noticias, lo que inspiraron algunos poemas como Kirguistán o Pequeños avances, medidas progresivas o El kit Kony, fueron informes de Amnistía Internacional. La lectura de esos informes duele y sorprende, a partes iguales.

P. Lo menciona Antonio Ortega en el prólogo, habla de “la cercanía distante”, y sí me parece un sintagma adecuado para tus poemas… ¿Lo suscribes?

Lo suscribo, sí. La distancia es deliberada, para evitar el sentimentalismo. Pero hay un merodeo, un acercamiento, más o menos arriesgado.

P. ¿Hay un destinatario-tipo de tus poemas? ¿A quién van dirigidos?

Hay quizá un diálogo con un interlocutor imaginario con quien se habla de lo peor, de la barbarie, de lo grotesco, del crimen… pero dando un rodeo, de manera contenida. A veces con escepticismo. Otras con ironía. Casi siempre con frustración.

 

 

 

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