‘El inquilino fantasma’ de Pedro Mañas Romero

Los Cazapesadillas
Los Cazapesadillas

El inquilino fantasma de Pedro Mañas Romero. Ilustración de Luján Fernández Méndez. Editorial SM, Colección Los Cazapesadillas, 2020.104 pp., 10,95 €. (+ 6 años)

Por José R. Cortés Criado.

«Se encontraba en un lugar precioso llamado Callejón Malaespina. Tenía ropa tendida de un lado a otro, una farola fundida y un montón de ratas que nos mordían cariñosamente. Estaban forradas de pulgas, que eran más cariñosas aún.»

Pedro Mañas Romero: El inquilino fantasma.

 En esta primera obra del equipo formado por el escritor Pedro Mañas Romero y la ilustradora Luján Fernández Méndez nos traen una nueva colección para los pequeños lectores, Los cazapesadillas, que seguro gustará y tendrá grandes éxitos como su anterior serie de Princesas Dragón.

En esta ocasión los lectores se encontrarán con unos personajes muy originales: Piper, una niña vagabunda que vive en un cubo de basura y es muy ingeniosa; Max Chatarra, el robot creado por Piper, aunque él asegura que no es un robot y la llama mamá; Lord Mortimer, un pequeño aristócrata insoportable que debe huir de su casa por culpa de los fantasmas; Erika von Kraft, la abuela de Lord Mortimer: no tiene nada de especial, si obviamos que está muerta y es un fantasma; y Lizzy, un pájaro algo especial que siempre acompaña a la abuela y hasta le sirve para ser transportada.

En este volumen, Pier y Max están en el callejón de Londres llamado Malaespina, entre cubos de basura, ratas, desperdicios, pulgas, niebla, mal olor y otros vagabundos, en su ambiente natural, cuando se ven sorprendidos porque un niño con un mechón de pelo blanco en la frente husmea su habitáculo, que no es más que un cubo de basura, por algo llaman a los niños que allí viven, los pequeños mugrientos.

Tras un pequeño enfrentamiento y aclaraciones de malentendidos, sabemos que el recién llegado es un lord, el último de su estirpe, que se ha visto obligado a huir de su palacio porque los fantasmas le hacen la vida imposible. Huyó con una cubertería de oro que ha ido cambiando por comida.

Como Piper no cree en la existencia de fantasmas, se compromete a demostrárselo al pequeño lord a cambio de un tenedor de oro y un magnífico reloj de bolsillo. Max como no sabe lo que es un fantasma, hace caso de su mamá y juntos deciden llevar a cabo su empresa.

La primera sorpresa surge cuando el reloj se cae al suelo, suelta una llave oculta y se transforma en una brújula que los lleva a un piso algo abandonado donde reside la abuela de noble, señora que fue expulsada de la mansión familiar por sus rarezas y que regaló a su nieto el reloj el día de su nacimiento por si alguna vez necesitaba de su ayuda. Así que este extraño grupo, con fantasma incluida, comenzó su aventura en pos de su objetivo.

La trama es original, pero mucho más lo son sus peculiares personajes, ya sea la abuela fantasma y sus ingenios; la sabiduría de la niña Piper, la naturalidad del robot que desconoce muchas costumbres de los humanos, o lo estirado que es el jovencito lord.

Los diálogos están cargados de originalidad y expresiones muy simpáticas, sobre todo cuando entra en la conversación Max, que tiene otra percepción de las cosas diferente a los humanos, o cuando se considera mal olor el del césped recién cortado o la fragancia de un rosal. También llama la atención sus consideraciones sobre el valor de las cosas y las costumbres de las clases acomodadas.

Se leen muy rápidamente los breves capítulos, cada uno de ellos lleva su propio título y está acompañado de unas abundantes y vistosas ilustraciones de personajes de enormes ojos y cabezas prominentes. Algunos fragmentos están presentados en forma de cómic utilizando una variedad de viñetas en cuanto a planos y tamaños.

Seguro que gustan estos cazapesadillas a los pequeños lectores ávidos de aventuras con niños ingeniosos y fantasmas la mar de simpáticos que no dan miedo.

 

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