Entrevista a Susana Rodríguez Lezaun, autora de ‘Bajo la piel’: “Marcela Pieldelobo se ha quedado con la mitad de mi alma”

Susana Rodriguez Lezaun

 

La nueva protagonista de la novela Susana Rodríguez Lezaun que edita Harpers Collins se llama Marcela Pieldelobo, y podemos asegurar que el apellido (que existe) le va como anillo al dedo. Policía oscense destinada a Navarra, afronta un caso endiablado plagado de personas intachables, es David enfrentándose a Goliat. Una batalla desigual e injusta que Marcela libra con todo lo que tiene, incluso con más.

P. Vuelves a Navarra. ¿Te sientes más cómoda escribiendo sobre cosas que pasan o pueden pasar en casa?

R. Es cierto que me siento más cómoda en terreno conocido, sobre todo porque sé que la mayoría de mis lectores no conocen estos lugares, así que para ellos son una sorpresa. Navarra tiene paisajes, pueblos y monumentos espectaculares, además de un clima también muy especial. Todo eso forma parte de la novela, condiciona la acción y el carácter de los personajes. La lluvia, la niebla, el frío… Además, siempre intento que mis historias tengan un poso de veracidad, que sean creíbles para el lector, y recorrer paisajes conocidos para mí me lo facilita bastante.

P. Esta vez, seguimos los pasos de Marcela Pieldelobo. “Pieldecordero” no le pegaba mucho…

R. No, la verdad es que no (risas). Es una mujer con la piel y el alma muy curtida. Tiene treinta y cinco años, pero está muy escarmentada de la vida. Ella en ningún momento parece un cordero, siempre va de frente con lo que es y lo que siente, sin apartar la mirada ni el paso. Como un lobo.

P. “Un personaje inolvidable”, ha dicho Rosa Montero. “Pieldelobo es la gran alegría del año para los fans del noir”, asegura Mikel Santiago. Encontrar a la protagonista perfecta debe dar mucha alegría…

R, Mis queridos amigos escritores han sido muy generosos con sus palabras, pero conocer su opinión me ayudó a desechar las dudas que me rondaban. Por primera vez en mi vida como escritora, lo primero en nacer no fue la historia, sino el personaje, y después he construido una trama a su servicio, un caso que fuera digno de ella y unos compañeros de viaje que estuvieran a su altura. Marcela Pieldelobo se ha quedado con la mitad de mi alma, para crearla he tenido que echar toda la carne en el asador, bucear muy hondo, pero creo que el esfuerzo ha merecido la pena. Desde luego, los lectores tienen la última palabra, ellos decidirán si Marcela es todo lo que promete.

P. Marcela es Policía Nacional, en una comunidad donde hay varias policías. ¿Eso marca carácter, tiene importancia?

R. En Navarra conviven tres grandes cuerpos policiales (Policía Nacional, Policía Foral y Guardia Civil), a los que hay que sumar las policías locales de cada municipio. Supongo que ellos tendrán bien delimitadas las competencias en cada caso, pero la verdad es que lo que se percibe en la calle es cierto aire competitivo. Me consta que colaboran en muchos casos, pero también que intentan ser los primeros, lo cual es lícito. Al ciudadano de a pie no creo que le preocupe demasiado cuánta policía haya, los tiempos han cambiado mucho, por suerte. Lo que importa es la paz social, la seguridad ciudadana y la resolución de los delitos. Sobre las competencias de cada uno, eso es cosa suya, supongo.

P. ¿Por qué has situado sus orígenes familiares en la provincia de Huesca?

R. Cuando me estaba documentando para la primera novela que escribí, Sin retorno, me enteré de que los agentes de policía en muy raras ocasiones trabajan en la misma ciudad o provincia de la que son, así que, de entrada, Marcela no podía ser navarra. Por otra parte, para mí los Pirineos son una zona muy especial, desde mi ventana puedo ver sus primeros picos, y entre ellos hay unos valles y unos pueblos realmente espectaculares. Los vecinos de estos pueblos suelen tener un carácter muy especial, un tanto cerrado, pero decidido, hospitalario, fuerte, tenaz… Como es Marcela. Así que no lo dudé y me llevé su lugar de nacimiento al Pirineo oscense, más concretamente a Biescas, una localidad preciosa que he visitado en alguna ocasión.

P. Marcela se topa con el Opus Dei y eso, en Navarra (y en España) son palabras mayores. ¿Tanto es el poder de la Obra?

R. Nadie puede negar el poder del Opus Dei, ni siquiera el propio Opus. Universidades, colegios, hospitales, medios de comunicación, bancos, empresas de todos los tamaños… No es que controlen estos sectores, sino que cuentan con presencia en todos ellos, igual que la tienen en muchas instituciones, incluidos todos los gobiernos de derechas que ha habido en España desde la democracia. No es un poder ostentoso, no hacen gala de él, y me consta que también juegan un papel importante en el área de la ayuda a los más desfavorecidos. Lo que choca mucho, o al menos a mí me ha chocado siempre, es que una organización religiosa consiga tanto poder económico y social, porque en sus instituciones, empresas o colegios han de cumplirse sus normas, que son bastante conservadoras. Tampoco juega a su favor el hecho de ser una organización tan opaca, aunque estoy convencida de que la buena parte de las historias que corren por ahí sobre la Obra son bulos malintencionados. Yo no me meto con el Opus Dei en mi novela, me limito a señalar su existencia y su innegable poder, y lo que suele pasar cuando se ejerce una fuerza en su contra, como la que intenta ejercer Marcela Pieldelobo.

P. La corrupción también tiene su papel… al cabo, la novela negra es un termómetro de la sociedad en la que vivimos, ¿no?

R. ¿Qué ves si miras a tu alrededor, si lees un periódico o si escuchas un informativo? Corrupción, actos deshonestos, robos de las arcas públicas, gente que se apropia de las vacunas de otros… La corrupción es algo intrínseco al ser humano. Nos enseñan a querer más, a necesitar más, y hay quien no se contenta con lo que tiene e intenta quedarse con la tajada de los demás a cualquier precio. No es que ahora haya más corrupción que antes, lo que ocurre es que ahora nos enteramos, pero esto empezó con la humanidad. La novela negra refleja la sociedad en la que vive, su parte más oscura, quizá, la más violenta, pero los lectores no se asombran ni se asustan ante lo que leen, porque saben que en todo hay una parte de verdad.

Bajo la piel

P. La novela es muy cinematográfica. En estos tiempos en los que las productoras y las plataformas televisivas buscan material debajo de las piedras, ¿eso es un plus?

R. La verdad es que cuando escribo no pienso en que la novela pueda convertirse en una serie o una película, si lo hiciera tendría que escribir un guion. Creo que mis novelas son visuales porque yo la veo antes de ponerlas sobre el papel. Mi método de trabajo comienza con los ojos cerrados, viendo la escena en mi cabeza, escuchando a los personajes, observando sus movimientos. Luego escribo, y sólo cuando lo que he escrito provoca en mi mente la misma escena que he visto antes la doy por buena. Quizá por eso mis historias son muy gráficas, porque el embrión es una imagen.

P. Para terminar, danos una pista: ¿qué significado tienen los tatuajes?

R. Los tatuajes y los cuervos de la portada, que es magnífica, por cierto, tienen una gran importancia en la novela, no tanto en la trama como para la protagonista. Marcela Pieldelobo tiene un gran tatuaje cubriéndole la espalda y parte del torso, un dibujo que, sin embargo, muy poca gente ha visto y que no asoma en absoluto por debajo del uniforme de policía. Cada trazo tiene un significado para ella, y pronto lo tendrán para los lectores. No puedo decir más…

 

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