‘El lunes nos querrán’ Premio Nadal 2021 de Najat El Hachmi llega a nuestras librerías

El lunes nos querránNajat El Hachmi dedica su novela El lunes nos querrán Premio Nadal 2021 (Editorial Destino) a las mujeres valientes que salieron del camino recto para ser libres. Aunque doliera.

Una historia emocionante y reveladora sobre la importancia de que las mujeres sean protagonistas de sus propias vidas, aunque tengan que enfrentarse a condicionantes de género, clase social y origen. Este es el relato del arduo camino hacia la libertad.

«Hay razones de peso que me llevan a escribir sobre nosotras: entonces no lo sabíamos, pero estábamos conquistando territorios nuevos —impensables para nuestras madres—, estábamos rasgando todos los velos, escarbando agujeros con endebles cucharitas en murallas impenetrables, y ni siquiera nos dábamos cuenta.»

A finales de los años noventa, en un barrio de la periferia barcelonesa, la hija de Muh escribe listas y más listas de propósitos y tareas, aquellas cosas que hará a partir de lunes para convertirse en una niña buena y sumisa, para agradar y sentirse querida. Pero la estudiosa adolescente no lo consigue por más que se esfuerce, porque se está convirtiendo en una mujer y, para una familia de inmigrantes marroquíes presidida por un padre autoritario y severo, ya solo eso la vuelve sospechosa ante la posibilidad de cualquier desvío mínimo, como no llevar velo, caminar sola por la calle —aunque sus hermanos menores lo hagan sin dar explicaciones— o simplemente hablar con un hombre.

Todo cambia el día en que conoce a una chica un par de años mayor que ella, también hija de una familia marroquí que proviene del mismo pueblo al otro lado del Estrecho que la suya. Pero a diferencia de esta, su familia es mucho más permisiva y la joven goza de mayor libertad, sin las ataduras culturales y religiosas del resto de la comunidad. Estudia en una academia de peluquería para trabajar y emanciparse y se está sacando el carnet de conducir. Incluso cuando conoce a un chico, también inmigrante marroquí, parece dispuesta a elegir a su propio esposo dejándose guiar por su corazón y a no aceptar un matrimonio concertado según la tradición de la comunidad.

A partir de ese encuentro, la hija de Muh (solo al final sabremos que se llama Naíma) se da cuenta de que no está condenada a una vida de reclusión y sometimiento como su madre, que hay otro camino para descubrir quién es, qué quiere ser y qué la hará feliz. Un camino arduo y muy duro que necesariamente debe pasar por la conquista de su propia libertad, sin hipotecar sus anhelos ni reprimir sus deseos. Una libertad completa, sin restricciones ni vigilancia (azuzada por los cotilleos y habladurías de la temerosa comunidad de inmigrantes), que funciona como un sinónimo de dignidad.

Pero si nuestras madres nos habían parido poco después de salir de la infancia, ¿cómo podíamos saber lo que era ser adolescente si en el país de nuestros padres no existía tal cosa? ¿Cómo podíamos vivir despreocupadas y hacer como que éramos chicas normales al filo del milenio con todas esas ventanas iluminadas acechándonos?

En esa aventura se embarcan las dos amigas, pero los obstáculos a los que tienen que enfrentarse son desmesurados, porque deben luchar continuamente contra los condicionantes de género, de clase social y de origen: la maternidad y la imposible conciliación familiar, las oportunidades laborales, la violencia de género y el machismo en un entorno cultural que no concibe la independencia económica y la emancipación de la mujer, la xenofobia y los prejuicios de los que ni siquiera las muchachas inmigrantes de segunda generación pueden librarse.

 

 

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