De Beatriz Fdez. Moya / www.excelencialiteraria.com
Volaban sobre él como buitres, formando una perfecta circunferencia, ahora más alejada, ahora más cercana, pero siempre igual de borrosa. Tentándolo a dejarse llevar. Era mirarlas y sentir sed, era mirarlas y necesitarlas. ¡Porculeras! Una más y su boca vertería violentamente todo lo que había ingerido aquel día, que no era ni poco, ni homogéneo. ¡Matadme! Así al menos el mañana sería limpio, sin resaca.
Pero cerraba los ojos y seguían ahí. Seis cervezas planeando sobre él, a cual más grande, a cual más apetecible. ¡No! Se descalzó y tiró su castellano contra ellas. Desafortunadamente, no se han inventado aún zapatos que golpeen ensoñaciones, ni borrachos con puntería, así que fue a aterrizar directamente sobre su cara.
Paradójicamente el problema de las buitrecervezas tentadoras pasó a un segundo plano.
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