Por Laura Muñoz.
Pascal Théry nació en Toulon hace 52 años. Rodeado de casualidades, cuarteles y mar. El destino de su padre hizo que naciera en esta ciudad, que pronto abandonó por el mismo motivo.
Encuentro a Pascal en Penmarc´h, donde vive desde 2006, localidad donde su creatividad ha adquirido forma y continuidad. Es artista. Pero no al uso. No busca la intención, ni la difusión de su obra. No se reconoce como tal. Sólo necesita hacerlo. Vino a por él.
Yo, que he podido disfrutar de su obra in live, no puedo dejar pasar la oportunidad de mostrar sus creaciones. Su modo de trabajar. De ser. Compartir(lo).
Porque Talou, que así se hace llamar, lo lleva dentro. Es creativo. Artista. Creador. Inventor, si quieren. Y altamente sensible en su obra.
Su técnica es realmente innovadora y poco reconocible o comparable a lo habitual. Tinta china. Papel fotográfico. Y errores. A través de ellos, todo. Un pliego con fallos hace que los perfiles de la tinta suspendida tomen formas determinadas. Selectivas. Con un alto riesgo de interpretación. El negro es protagonista en su técnica, aunque en la serie se hayan colado obras coloreadas o degradaciones del propio negro. Texturas invisibles al tacto, palpables con el ojo. Y también errores de color, culpa del papel utilizado y que Talou sabe tratar.
Hay explicación a esta suerte de causalidad. Siempre la hay. Théry trabajó en una fábrica encargada de realizar simulaciones de máquinas de impresion. En ese momento, su ocupación como grafista hace que se encargue de la interfaz de dicho simulador, donde gran parte del trabajo es la reproducción gráfica de los diferentes errores del estampado y, su cometido principal, reportar esos fallos.
Él no considera sus obras como arte. “Las necesito, sólo eso”. ¡Sólo eso!. Nada más parecido al arte que la necesidad de crear.
La figuración es eliminada de sus obras. No en su totalidad. Deja que aparezcan algunos contornos reconocibles o, en cualquier caso, interpretables. Trabaja con un cromatismo limitado: blanco y negro. Aquí se capta el minimalismo.
Con estas caraccterísticas, tan presentes y claras en los cuadros de Pascal, me atrevo a considerarlo dentro del expresionismo abstracto del que los estadounidenses post Segunda Guerra Mundial son padres. Y sí: es un artista. Y forma parte del movimiento pictórico contemporáneo. Aunque no quiera.
Este aire de modestia (real) es también visible en el resultado: la carga sentimental y de giro en el trazo, como espetado, es clara alusión al conflicto y quizás la angustia.
Actualmente, Talou estudia la posibilidad de realizar sus pinturas en gran formato y utilizar, junto a la tinta china, la acrílica como lo hizo en sus inicios. Puedo imaginar estos grandes “lienzos” con una bofetada de pintura plástica.
La realidad es que Talou pinta porque le hace feliz. Porque esa alegría mana de las miradas ajenas cuando observan sus cuadros. Por el hecho ineludible de las reacciones que desata en el que mira y quiere ver. Tanto le importa la sinceridad en las opiniones que recibe que ha optado por no titular ninguno de los cuadros de esta colección. La serie es anónima y no convive bajo ningún rótulo.
Bien. Expresionismo abstracto. Action Painting. Eso es Talou. Eso mismo sus obras.
Sean bienvenidos a la escuela de Nueva York.
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muy buena nota!