La historia olvidada de un Oskar Schlinder franco-español (que en la novela figura como Albert Le Lay) y de una estación mítica (Canfranc) que cambió el curso de una guerra.
Esta semana ha llegado a nuestras librerías Volver a Canfranc de Rosario Raro (Planeta) una novela llena de emoción situada en la Segunda Guerra Mundial que combina realidad y ficción para relatar la historia verídica de un grupo de héroes, en su mayoría anónimos, que arriesgaron sus vidas para ayudar a miles de ciudadanos judíos a escapar del horror nazi a través de la estación Internacional de Canfranc. Un aduanero bretón, una camarera zaragozana, un músico metido a panadero, un contrabandista, un obrero ferroviario y un conde parisino son los protagonistas de esta historia inolvidable.
Marzo de 1943. Un grupo de personas de diversa edad y condición se mueve sigilosamente al amparo de las sombras de la madrugada. Nadie pronuncia una palabra, nadie hace el menor ruido. Hasta los integrantes más pequeños parecen comprender la gravedad del momento. Son judíos que, como otros que les precedieron, intentan cruzar la frontera de manera clandestina a través de la estación internacional de Canfranc, tomada apenas hace unos meses por el ejército alemán, con la intención de huir del horror nazi.
Esta arriesgada operación es dirigida y coordinada por una reducida facción de miembros de la Resistencia, cuya cabeza visible en estos momentos es una joven camarera del Hotel Internacional llamada Jana. Ella les conduce desde su escondite hasta la habitación bisiesta, un reducido espacio secreto donde deben permanecer hasta que les sean asignadas sus nuevas identidades así como su destino: algunos necesitan asistencia médica, otros seguirán viaje hasta Lisboa.
Volver a Canfranc es una novela inolvidable que cuenta con fidelidad unos hechos históricos aún poco conocidos por el público no especializado, bien novelados y mezclados con algunos personajes de ficción que, por su verosimilitud y su lograda inserción en el relato, muy bien pudieron haber vivido los acontecimientos que se narran. Este leve maquillaje literario, que la autora honestamente revela al final del libro, no deforma, sino que adorna la realidad histórica y contribuye a subrayar, de una manera muy amena y llena de emoción, el importante papel que desempeñó ese paso fronterizo durante la Segunda Guerra Mundial.
La historia resulta atractiva desde las primeras páginas, en las que se describe el apagón que provoca Laurent Juste en la estación internacional de Canfranc, burlando la vigilancia de los militares alemanes, para ayudar a huir a un nuevo grupo de judíos llegado clandestinamente. Si hay novelas famosas por sus comienzos, esta podría ser una de ellas.
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