Por Carlos Zapatero.
Haruki Murakami (Kioto, 1949), recientemente descartado para el premio Princesa de Asturias de las Letras, vuelve a poner de manifiesto su innegable calidad literaria reflexionando, y lo que es aún más importante, haciéndonos reflexionar, sobre el sentimiento de soledad y la pérdida de identidad que sufrimos durante y tras el fracaso de una relación amorosa.
Leer a este autor nunca resulta tarea fácil. Un novelista siempre castigado, quizá en exceso, por la crítica literaria. Siendo nominado, o favorito, para cada premio, pero –casi–siempre quedando descartado en último término. A pesar de todo, lo cierto es que enfrentarse a la prosa de Murakami provoca momentos de disfrute literario que muy pocos autores son capaces de proporcionar al lector.
“Lo que deseo transmitir en este volumen es, en una palabra, el aislamiento, y lo que éste implica emocionalmente”.
Dos años después de su último libro, Los años de peregrinación del chico sin color (Tusquets, 2013), el autor nos introduce, por medio de siete cuentos, en un nuevo viaje lleno de dolor y de frustración que proviene del sentimiento que queda cuando las mujeres deciden salir de la vida de los hombres sin posibilidad alguna de segundas oportunidades o de una posible redención. En este universo paralelo nos encontraremos de cara con nuestros miedos y nuestros sueños. El sexo, la deslealtad, las relaciones imposibles y la existencia de triángulos amorosos serán los temas principales que pondrán a prueba la capacidad del lector para sumergirse en una obra repleta de guiños a los Beatles, Kafka, Las mil y una noches o Hemingway.
Pese a que la búsqueda de la identidad propia no deja de ser un tema recurrente que aparece en el trasfondo de otras obras del autor, aquí aparece la identidad personal más que como algo intrínseco, como un factor extrínseco formado a partir de las relaciones personales entre sexos. Así, Murakami trata al amor como si de una enfermedad sin cura se tratase, cuya principal consecuencia es el despojo de la identidad propia en pro de la búsqueda de una identidad común en un constante estado de aprobación y de reinvención. Esta búsqueda de la identidad propia se convertirá en el pilar central sobre el que girará toda la obra. El quiénes somos y el quiénes éramos, serán los interrogantes que trataremos de contestar a lo largo de 272 páginas.
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