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Por Carmen F. Etreros.
11 de la mañana y la escritora y periodista Elvira Lindo presenta en Madrid ante un grupo de periodistas su último libro Noches sin dormir (Seix Barral), una especie de diario íntimo, escrito en las noches de insomnio en Nueva York e ilustrado con sus propias fotos de esta ciudad helada. En la calle Madrid se revuelve inquieta en sus primeros fríos con sus coches subiendo y bajando por la Gran Vía mientras la escritora explica: “No escribo diarios ni siento la necesidad de hacer un examen de conciencia todos los días por escrito. Solo quería reflejar esta vida que he llevado durante diez años entre dos ciudades”.
Y aunque la escritora ha confesado sentir cierta “aprensión a exponer su vida”, el libro está plagado de sentimientos, de ilusiones, de su vida diaria, de la dificultad para relacionarse y para recorrer esa ciudad de permanentes escaleras heladas y sobretodo de la soledad inmensa de esas noches de insomnio en Nueva York.
La escritora también ha reflexionado sobre la clase media que es la que mantiene una urbe como Nueva York:“La diferencia entre los muy ricos y la gente pobre llega a extremos insoportables mientras que la clase media tiende a sobrevivir”. “Las diferencias entre ricos y pobres se han acentuado, la mendicidad ha aumentado y la clase media sobrevive como puede”. “Ves cómo va envejeciendo la ciudad, la falta de mantenimiento público, la falta de asistencia social para los habitantes”, explica Elvira Lindo.
La autora explica cómo a los españoles nos cuesta llevar este tipo de vida y “amamos más nuestro país cuando estamos fuera». “La gente echa de menos el modo de vida mediterráneo por el clima, las relaciones humanas y la protección que tenemos”.
La escritora también ha explicado como en esas noches seguía a través del ordenador la actualidad española y, en los últimos años, veía cómo crecían «día a día la tensión y la rabia». «España ha cambiado y la crisis económica ha minado muchas cosas y ha aumentado la tensión. Creo que hemos perdido el sentido del humor”. “Los artículos, que escribía hace once años «sin prejuicios y con mucho humor» ya no tienen cabida. Ahora es un país más tenso quizá debido a la crisis, «todo el mundo juzga» cualquier cosa que se diga y «hay que pensárselo dos veces». “Hay que relajar un poco el discurso público”, concluye la autora.
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