Reseña LIJ: ‘Ahora me llamo Luisa’ de Jessica Walton

Ahora me llamo Luisa de Jessica Walton. Ilustraciones de Dougal MacPherson. Editorial Algar, nº. 35, 26 x 26 cm., 2016.

 

Por José R. Cortés Criado.

 

Martín es un niño que se lo pasa en grande jugando con un osito, su amigo Luis; juntos pasean, montan en bicicleta, plantan verduras, suben a la casa del árbol si hace buen tiempo o meriendan en la casa si llueve…

Todo marcha como siempre hasta que el osito, ataviado con su pajarita, se siente triste, no quiere jugar, ni salir a la calle, ni subir al árbol…, no quiere decir qué le pasa, teme que Martín deje de ser su amigo y, solo cuando este le asegura que nunca dejará de ser su amigo, le confiesa que necesita ser él mismo y que «siempre he sabido que soy una osita y no un osito. Me gustaría llamarme Luisa y no Luis».

A Martín le da igual que sea un osito o una osita, para él lo importante es que sean amigos. Luisa comprende que es su mejor amigo y siguen su vida como antes, juegan, montan en bicicleta…y hasta Ada y su robot la aceptan con toda naturalidad.

Osita decide cambiar la pajarita de su cuello a su cabello, así la convierte en objeto más femenino, un lazo. Cambia el nombre y su aspecto externo.

Los autores se plantean la diferencia entre niño y niña, saben que ser uno u otra es cuestión de cómo se siente cada uno consigo mismo y que lo más importante en la vida es la amistad.

Es una historia tierna, dulce, que se ocupa de la identidad sexual en los pequeños, pues no es cuestión de edad el saber cómo es uno mismo.

Al emotivo texto de Jessica Walton se añaden las ilustraciones de Dougal MacPherson, que nos presenta un niño muy esquemático, en el que destacan su cabeza y su cuerpo, igual le ocurre a Ada y al osito que es un todo de peluche en distintos tonos de marrón.

Los dibujos son sencillos, claros y expresivos sobre fondo blanco; es fácil apreciar el trazo de los lápices sobre la superficie del papel.

El ilustrador hace un guiño desde las gualdas, las primeras se aprecian pajaritas de color azul sobre fondo celeste; las últimas son similares pero el color predominante es el rosa. Del celeste al rosa como metáfora de género.

Sin duda es un interesante álbum ilustrado para los más pequeños que aborda con la naturalidad propia de la infancia el cambio de sexo, sin crear polémica o cargar las tintas a favor o en contra del tema.

Buen libro, necesario en las bibliotecas infantiles para tratar con naturalidad con los pequeños lectores un tema que para los adultos pueden resultar embarazoso o de difícil aceptación.

Libros como este, publicado por la editorial Algar dan sentido a la tarea educativa en nuestra sociedad sobre la identidad de género.

 

 

 

 

 

Redacción

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