Por Carlos Mesa Espinosa.
Estrenada en 2015 dentro de la programación del Festival Surge, La Piel volvió durante el pasado mes de septiembre al Teatro Pradillo para hablarnos sobre la deshumanización y cómo la evolución tecnológica nos ha abducido hasta separarnos del resto de personas.
La pieza arranca cuando Mary, la protagonista total de la obra, abre un centro suicida. La Piel también aborda la muerte como una necesidad de dejar morir lo antiguo y disfuncional y aceptar nuestras heridas como única forma de continuar. Esas heridas que la vida y la piel se encarga de visibilizar.
La puesta en escena, con vestuario y escenografía de Elisa Sanz (con cinco Premios Max a sus espaldas), hace aún más bello este poético montaje que rebosa originalidad y provocación a partes iguales, en la que por momentos el público se convierte en protagonista de la historia.
La Piel busca mirar más allá de los aspectos meramente estéticos y superficiales de nuestra propia existencia. Por momentos nos hace reír, por momentos nos incomoda, pero sobre todo hace que nos demos cuenta de lo mucho que nos alejamos a veces de la realidad con barreras que nosotros mismos nos construímos.
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