‘Mi vida en dibujos: La maldición del lápiz’ de Deborah Zemke

Mi vida en dibujos: La maldición del lápiz. Texto e ilustraciones de Deborah Zemke. Traducción de Begoña Oro Pradera. Editorial Bruño, colección Mi vida en dibujos, 2018.140 x 210 mm, 144 pp., 8,95 €. (+ 8 años).

Por José R. Cortés Criado.

Bea García es una niña estupenda, con una imaginación enorme que todo lo explica con dibujos.

Siente no ser tan lista como su compañera Judit Einstein, la niña más inteligente de la clase.

Bea achaca la sabiduría de aquella a su lápiz, considera que ese es su secreto, un lápiz al que llega todo lo que su mente almacena de forma muy fluida.

En el colegio se va a celebrar un concurso de preguntas y repuestas por parejas. Bea y Einstein forman el dúo para la prueba, esta quiere ganar con la máxima nota para emular a su hermana mayor.

Bea no se siente con capacidad suficiente para ganar y cree que si consigue el lápiz de su amiga todo se solucionará; así que se hace con el lápiz de Einstein y comienza a estudiar, pero cada vez que se centra en algún tema, la mano se pone a dibujar y cuando alguien la interrumpe se pone echa una fiera.

No sabe cómo pero el lápiz saca lo peor de ella y ofende a su hermano y un compañero de clase que la trae frita.

Pero Bea dibuja y dibuja sin parar ya sea saltando la comba con un canguro y su amiga, la que se fue a vivir a Australia o navegando por el Nilo con Judit y observa cómo dibuja las respuestas a las preguntas.

El concurso fue genial, los conocimientos de Einstein y la habilidad pictórica de García hicieron que el resultad fuese un éxito.

Incluso Bea se reconcilia con su hermano y con Eric, el niño que no la deja tranquila nunca y se prepara para la siguiente entrega que nos hará llegar en breve.

El libro es rápido de leer ya que la aparte escrita es mínima en comparación a la cantidad de dibujos tipo cómic que proliferan páginas tras página.

Los textos son sencillos y animosos, muestran los problemas de una alumna con una lógica infantil llena de gracejo. Junto a los textos narrativos se intercalan onomatopeyas, bocadillos para los diálogos y distinto tamaño para las letras cuando indican enfado.

Ese juego de tipografía, líneas cinéticas y marcas de suma expresividad le dan mucha fuerza a los dibujos.

Viendo los dibujos en blanco y negro tan bien perfilados se me ocurre que podría ser un buen entretenimiento para los lectores amigos de colorear para rellenar los espacios en blanco y así tener un libro a todo color.

Un entretenido libro que hará pasar un buen rato a los pequeños lectores  con ganas de divertirse e imaginar situaciones nuevas.

 

Redacción

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