Reseña: ‘Nadie como yo’ de Ignacio Chao y Eva Sánchez

Nadie como yo de Ignacio Chao. Ilustraciones de Eva Sánchez. Editorial Kalandraka, 2019. 215 x 285 mm, 36 pp., 15 €, (+ 7 años).

Por José R. Cortés Criado.

“Yo no, yo no puedo encomendarme a ellos; no comprendo la lengua del vulgo, no hablo las palabras de la tribu, no está mi mente forjada para atender tantas súplicas.”

Nadie como yo de Ignacio Chao

Estamos ante una metáfora sobre el poder donde se superponen la realidad y la ficción para retratarnos a un ser malvado, que no ama a nadie, que solo quiere mandar y que todos le obedezcan sin rechistar.

Este es el protagonista, se siente una gran personalidad, un elegido a pesar de su origen vulgar, que los demás le procuran su bienestar, que todos caen rendido ante él, que se extasían con su presencia…, en fin, que todos están a su servicio, ya sean científicos, sabios o excelentes personas.

Solo los malvados, los vulgares, los envidiosos y demás intentarán algo contra él, pero no será suficiente, porque él es el elegido y los demás no; es único, de ahí su actitud ante los demás y sus aires de suficiencia.

Este personaje emplea un lenguaje petulante, se muestra engreído, convencido de su superioridad, manifestando su desprecio por los demás, esos súbditos que le deben todo, incluso la vida; tampoco aprecia la cultura, la investigación, nada que no sea para aumentar su ego tiene valor.

Las críticas no le altean; si alguien lo odia, se siente más seguro de su forma de ser; todo lo que no sean alabanzas son cosas sin importancia, desechables, él es el centro del mundo y todos le deben pleitesía.

A lo largo de las páginas el protagonista se va engrandeciendo, cada vez está más seguro de su personalidad, pero el lector recibe una información en la última página que le revela la verdadera identidad de ese personaje tan insolente y lo coloca en su verdadera dimensión.

Al texto de Ignacio Chao se unen las imágenes de Eva Sánchez, que ha sabido dotar de identidad al personaje gracias a los detalles del mismo, ya sea por su aspecto físico, su indumentaria o la recreación de las escenas que narra.

Con aspecto humanizado, ya sea laureado, vestido como un emperador romano, rodeado de frutas y verduras o comiendo con cubiertos de oro, su imagen y el juego de sombras y claros que acompaña al lector, hacen de estas imágenes un perfecto retrato del dictador, que se acompañado de personajes muy simbólicos como las ratas, los monos, los zorros o los buitres, nadie mejor para su séquito.

Seguro que este álbum no deja indiferente a nadie que abra sus páginas. Te llama la atención el texto, te choca verlo junto a las imágenes, crees que algo no concuerda, pero conforme avanzas vas uniendo las piezas y comprendiendo su significado, que queda patente con la última frase.

Este libro tuvo una mención del jurado del XI Premio Compostela.

 

 

 

 

Redacción

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