Por Elena Fernández Rodríguez.
Desde que se estrenó el pasado 2 de octubre, muchos de los suscriptores de Netflix no dejan de hablar de Emily in Paris. La nueva serie de la plataforma de streaming se ha convertido en uno de los temas de conversación entre los amantes de este tipo de contenido. A través una trama que consigue equilibrar la comedia y el drama nos cuentan la historia de Emily Cooper, una chica estadounidense interpretada por Lily Collins que se muda a París por una oferta de trabajo inesperada a la que no puede resistirse. A partir de ese momento toda su vida da un giro de 180 grados y cambia de manera radical.
Si bien al principio Emily trata de esforzarse al máximo y encajar en su nuevo puesto de trabajo, lo cierto es que la vida en Francia es muy diferente a lo que la protagonista esperaba. Los desencuentros con sus compañeros de trabajo, sus problemas con el idioma y la soledad echan por tierra sus expectativas. Su relación a distancia fracasa, todos sus preparativos se van al traste y su sueño no se acerca en absoluto a lo que ella esperaba. Si quiere que aquella experiencia no se vaya al garete antes de lo esperado, deberá replantearse su estancia en el país galo prácticamente desde el primer día. Poco a poco irá resurgiendo gracias a sus nuevos amigos, a su capacidad para superar cada uno de los retos que se le presentan y a sus grandes habilidades para las redes sociales.
Uno de los elementos que más caracterizan esta trama está relacionado con las grandes diferencias culturales que hay entre los franceses y los estadounidenses. De hecho, ese será uno de los principales obstáculos a los que deberá enfrentarse Emily, que al haber recibido esa oferta laboral repentinamente apenas conocía la cultura francesa. Los guionistas tratan de representar desde el primer capítulo todas y una de estas disparidades y, a pesar de que intentan formar parte del marco cómico de la trama, han causado cierto revuelo entre el público francés al considerar que se les muestra demasiado estirados y arrogantes.
Aparte de esas críticas, el éxito de la nueva producción de Darren Star ha sido tal que algunos han catalogado ‘Emily in Paris’ como la sucesora de ‘Sexo en Nueva York’ y, aunque puede sonar exagerado o descabellado, puede que no estén tan desencaminados. Si tenemos en cuenta que el anteriormente mencionado Star fue el creador de ambas y que Patricia Field vuelve a estar a cargo del vestuario y ha hecho guiños similares a los que realizó durante el rodaje de la serie de Carrie Bradshaw, lo más probable es que encontremos más de una similitud. Sin embargo, más allá de las posibles comparaciones, debemos darle tiempo a la recién llegada para ver con retrospectiva si verdaderamente nos encontramos ante la heredera de una de las series más famosas de la historia.
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