La niña botella
La niña botella de Ana Isabel Fraga Sánchez. Mandala Ediciones (Niños poderosos), 2020.
Por Anabel Sáiz Ripoll
La niña botella es un relato breve destinado a los primeros lectores que conviene que conozcan sus padres y educadores pues puede ayudar mucho a saber gestionar el estrés o las situaciones de especial nerviosismo. De hecho, su propia autora, Ana Isabel Fraga, así nos lo presenta, aunque no se trata de un texto didáctico, lleno de consejos y de digresiones, no, en absoluto, sino que es un cuento fresco, directo y vivaz.
La pequeña Lilit, que solo tiene 6 años, acaba de mudarse con su familia a una gran ciudad desde un pueblo muy pequeño y, aunque le gusta mucho su nueva casa, ir a los parques o visitar los centros comerciales, se está volviendo antipática y contestona con los que más quiere; es más, rompe a llorar sin aparente motivo. Su madre opta por hablar con ella y explicarle, y explicarnos, de forma sencilla y eficaz, qué le está pasando a la niña y cómo puede solucionarlo. Resulta que Lilit está muy cansada del viaje, muy agobiada y demasiado estimulada con su nueva situación y debe aprender a controlar esas emociones que amenazan con arrastrarla.
Lilit se ha convertido en una niña botella, como le explica su madre en un diálogo tierno y transparente. Con cada nuevo estímulo su botella se está llenando de ruidos, de sensaciones extrañas, de nuevas experiencias y si el agua llega arriba ha de salir y lo hace en forma de pataleta o de irritabilidad. Para que eso no pase, Lilit averigua que tiene un tapón que puede abrir cuando quiera para que su botella no rebase los límites de su bienestar. A partir de ese momento, Lilit va a aprender conocerse un poco más y a estar pendiente del agua porque no es aconsejable que su botella se llene del todo. Eso sería, claro, la gota que colma el vaso.
Gracias a La niña botella niños y grandes averiguamos, de esa manera metafórica, que tenemos una válvula de escape y que podemos autogestionarnos para no caer en el estrés ni en los nervios desmesurados. Un buen consejo el que nos da Ana Isabel Fraga, aunque, insistimos, sin moralinas ni pedagogías huecas.
Las ilustraciones de Alejandra R. Bueno completan el relato y nos presentan a una niña, con los colores y de una manera muy expresiva, como Lilit va cambiando de emociones y explotando hasta volver al punto de partida y ser de nuevo la niña dulce y tranquila de siempre.
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