‘Verano azul y rojo’ de Francisco Javier Merino

Verano azul y rojo

Verano azul y rojo de Francisco Javier Merino. Ganador de la X edición www.excelencialiteraria.com

No soy de playa, aunque los orígenes malagueños de mi padre me hicieron pasar los veranos de la infancia en La Cala de Mijas, a poco más de una hora en coche de donde transcurre la célebre serie de televisión “Verano azul”.

Como he sido buen estudiante, junio era sinónimo de cerrar el curso y “abrir el chiringuito”. Mis padres, mis hermanos y yo cargábamos maletas, y en dos horas estábamos en la casa de la playa. Allí comenzaba nuestra rutina estival: mañanas en el mar, hasta la hora del almuerzo, tardes de deporte en el jardín de la urbanización y, por la noche, cuando el termómetro nos daba un respiro, paseo y helado.

No criticaré aquel plan repetido, pues no sería justo con mis padres, que hicieron el esfuerzo, ni con tantas familias que ni siquiera pueden desplazarse a la playa unos días, bocata en mano, ida y vuelta en coche desde su localidad. Pero cuando llegaba septiembre, volvía a las aulas sin mucho que poder contar: que si algiuna mañana de viento nos habíamos “aventurado” a bañarnos, a pesar del tamaño de las olas y el aviso de bandera amarilla, izada en el puesto de socorrista… Cosas poco emocionantes.

Más de un lustro después del último curso escolar, apenas me queda rastro de aquellos veranos azules. Hace dos años entré en el mercado laboral, en Madrid, una ciudad que ofrece infinidad de oportunidades de trabajo y de entretenimiento, pero que sigue sin tener playa. Con temperaturas muy por encima de los treinta grados, el verano en la capital es de color rojo y bastante más corto, pues las vacaciones se reducen a tres semanas. La escasez de días de descanso me obliga a buscar alguna experiencia que me permita afrontar la vuelta al tajo con las energías reforzadas y mil “batallitas” que contar. Este verano, por ejemplo, he planeado un viaje con amigos por Italia, Eslovenia, Croacia, Montenegro, Serbia y Hungría.

Javier Merino

Mis padres todavía conservan la casa de la playa. Quizás hasta me permita el lujo de bajar a la Costa del Sol algún fin de semana. Pero hace tiempo que mis veranos dejaron de ser azules e interminables. Ahora son rojos y breves. Sin embargo, nunca antes había disfrutado tanto de mis vacaciones. Al fin y al cabo, nunca fui de playa.

Redacción

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