El día que se apagaron las pantallas de Danny Wallance. Ilustraciones de Gemma Correll,
Editorial SM, 2022. Cartoné, 248 pp., 12,50 € (+ +10 años).
Por José R. Cortés Criado.
“…no nos sabíamos tu número de teléfono, y no lo teníamos apuntado por ninguna parte, y tampoco podíamos mandarte un correo electrónico ni un mensaje ni podíamos llamarte por Skype, y…”. Danny Wallance: El día que se apagaron las pantallas
Curiosísimo libro que se lee agradablemente y te ríes de las situaciones tan absurdas que se pueden dar el día que todas las pantallas del mundo dejen de funcionar, ahora que todos y en todas partes dependemos de ellas.
Eso ocurre en esta historia. Stella, una niña descubre, cuando se despierta, que los aparatos electrónicos han dejado de funcionar. Se preocupa, pero se asombra más cuando ve que sus padres andan de cabeza.
Los lectores podemos imaginar qué ocurrirá en ese caso. Stella nos lo va narrando con el devenir de la trama, que toma fuerza cuando los padres, la narradora y su hermano pequeño emprenden un viaje porque la abuela paterna vive sola y tal vez necesite ayuda.
Se temen lo peor, que no tenga comida porque no puede pedir que se la lleven a casa, que necesite alguna medicina…, lo que no sospechan es que el mundo está patas arriba y que este rescate irá de desastre en desastre.
Pensar un momento. No funcionan los móviles, ni los navegadores, tampoco tienen mapas de carreteras en papel, las autopistas están colapsadas, no funcionan las emisoras de radio, no hay tableta que se encienda, no hay tarjeta bancaria que funcione, no hay cajero de banco activo… Con todo esto, es complicado llenar el depósito de gasolina, comprar comida u obtener dinero.
Descubrimos cómo sería vivir sin pantallas. Un verdadero desastre. Mejor que no suceda nunca porque sería complicado. Esta familia sobrevive a duras penas. Si no llegan a recibir ayuda de personas desconocidas aún andarían por alguna carretera secundaria.
Además del problema electrónico, se trata de la convivencia familiar, de las relaciones personales, de la vida sin tanta tecnología, de la soledad, de la necesidad de disfrutar del tiempo libre con los demás y no dejar nunca de ser niño.
Divertida y disparatada historia que hará pasar un buen rato a los pequeños lectores que, además, disfrutarán de unas buenas ilustraciones en blanco y negro que nos recuerdan los cómics de Gemma Correll.
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