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CentroCentro dedica una exposición a la historia de lo cursi

Cartel de doña Rosita la soltera

El próximo 23 de junio abre al público en la planta 4 de CentroCentro, espacio del Área de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid, Elogio de lo cursi, comisariada por Sergio Rubira.

La exposición traza una genealogía de lo que ha estado asociado a lo cursi desde la aparición de la palabra en la lengua española a comienzos del siglo XIX, y muestra cómo su historia guarda relación con la ruptura de las normas de clase, las de género, o la construcción de “lo español” antes de la llegada del siglo XX.

Reúne una selección de más de 100 piezas de la cultura popular: muebles y objetos decorativos, libros, fotonovelas, cómics, postales, carteles publicitarios, anuncios de obras de teatro, fotografías de escena, procedentes de instituciones como el Museo de Historia de Madrid, Museo de Arte Contemporáneo, Museo del Romanticismo, Museo de Artes Decorativas, Colección Madrazo, Biblioteca Histórica de Madrid, o Centre de Documentació i Museu de les Arts Escèniques Institut del Teatre. Junto a citas de autores como Benito Perez Galdós, Emilia Pardo Bazán, Jacinto Benavente, Ramón Gómez de la Serna o Enrique Tierno Galván y obras contemporáneas de Costus o Nazario.

Cursi

El Diccionario de la Real Academia Española de Lengua define cursi como un adjetivo “dicho de una persona que pretende ser elegante y refinada sin conseguirlo”; “dicho de una cosa que, con apariencia de elegancia o delicadeza, es pretenciosa y de mal gusto”. Relacionado con otros términos como los de kitsch y  camp, define un cierto tipo de mal gusto que tiene que ver con la nostalgia, la aspiración y la copia degradada.

Apareció en la lengua española a comienzos del siglo XIX y tiene un origen disputado. Algunos buscan su etimología en la abreviatura de cursiva, caligrafía que se puso de moda por influencia de Inglaterra a finales del siglo XVIII, muy difícil de imitar. Otros lo encuentran en dos personajes que han adquirido casi el carácter de mito: las hermanas Sicur de Cádiz que copiaban la moda de París, la exageraban y con adornos ocultaban las manchas, los desgarrones y los brillos de unos vestidos desgastados por el tiempo. Cuando paseaban, las gritaban: ¡Sicur! ¡Sicur! ¡Sicur! ¡Sicur! De este modo, por la repetición, su apellido invertido se convirtió en sinónimo de ridículo.

A partir de la segunda mitad del s XIX los cursis fueron fundamentalmente aquellas y aquellos jóvenes de clase media baja o clase baja que copiaban las actitudes y el gusto de la burguesía adinerada y la aristocracia, clases a las que no pertenecían y que les querían excluir. En las novelas de la segunda mitad del siglo XIX se encuentran numerosos ejemplos de personajes cursis, como Rosalía Pipaón, protagonista de La de Bringas de Pérez Galdós, cuyas aspiraciones siempre fracasaban. Ser cursi suponía un desplazamiento de clase que no podía admitirse. De este modo, el político conservador Francisco Silvela vinculó la cursilería a la revolución

Mesa de centro

La cursilería se dio también en los aristócratas que querían imitar el “buen gusto” francés: algunos, nostálgicos, encontraban sus modelos en Versalles, otros, más modernos, lo buscaban en París, sin conseguirlo porque aquí llegaba alterado. Sucedió lo mismo con los burgueses que miraban a la nobleza y compraban muebles y bibelots de oferta con los que adornar sus casas como si fueran palacios. Podría afirmarse, como hacen Ortega y Gasset y Gómez de la Serna, que no puede entenderse la segunda mitad del siglo XIX en España sin asumir que supuso el triunfo de la cursilería.

La exposición Elogio de lo cursi está comisariada por  Sergio Rubira, profesor de Historia del Arte en la UCM. Forma parte del comité de adquisiciones del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid. Es comisario independiente, entre sus últimas exposiciones se encuentran  Las tácticas barrocas (Museos históricos de la Comunidad de Madrid); Bilduma HAU Colección en Artium, Vitoria,  Metamorfosis del ser, Círculo de Bellas Artes, Madrid, y la individual de Cristina Lucas, De ida y vuelta, en el CAAC, Sevilla. Es colaborador de El Cultural de El Español. Ha sido subdirector de Colección y exposiciones del IVAM, Valencia. Ha comisariado exposiciones en ARCO, DA2, CGAC, CA2M, La Panera, Temporary Gallery, Centre d’art Santa Mònica, entre otros. Ha escrito en numerosas publicaciones de instituciones como el MUDAM, Luxemburgo; Centre Pompidou-Metz, la Bienal de Venecia, PS1-MoMA, Nueva York, Tranzit, Praga, o el FRAC Bourgogne, Dijon, entre otros.

Carmen F. Etreros

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