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Entrevista a Eva Clemente, autora de ‘Los ZooBots’ publicado por la editorial Emonautas

Eva Clemente

«En los últimos años se han popularizado los libros en mayúsculas para primeros lectores. Son útiles en una fase inicial pero, si se alarga su uso, pueden dificultar el paso a la lectura en minúsculas, que es la normativa.»

Autora, ilustradora y editora de Emonautas, la barcelonesa Eva Clemente reside desde hace años en Madrid; aunque, según dice, eso es solo para disimular, pues donde realmente pasa más tiempo es en las nubes. Desde la editorial Emonautas procura que los libros puedan servir como recurso didáctico de acompañamiento respetuoso. Obras suyas son, entre otras, Los tentáculos de Blef o Si yo tuviera una púa. Los ZooBots son la primera serie de la colección para aprender a leer No hay prisa.

P. El título de la colección que acabas de lanzar en Emonautas para aprender a leer tiene un título provocador para los tiempos que corren: No hay prisa. ¿Por qué?

En un mundo que va deprisa y queremos todo “para ya», a veces olvidamos lo importante: disfrutar de los procesos, acoger el error, respetar los ritmos naturales. Eso también sucede cuando hablamos de aprender a leer o, mejor dicho, de cómo acompañamos los adultos a los niños en ese camino. A veces lo hacemos con prisa, presionando sin darnos cuenta. Nombré así la colección porque me gusta recordar a los adultos que leer antes o después no es ni mejor ni peor. Y transmitir a los niños que esto no es una carrera en la que gana el más rápido.

P. ¿Cuáles son las características de estos libros y en qué se basa su elección?

R. Convertirse en lector autónomo es un paso importante en la infancia y cada aprendizaje es un mundo. Pero también influyen los recursos que ponemos a su alcance. He escuchado muchas veces a adultos decir, al elegir un libro de lectura: “Este no, que tiene pocas letras”, como si aprender a leer se midiera por kilos de caracteres. También he visto a algún que otro peque abrir un libro que puede leer porque “ya es mayor” y poner cara de susto al ver el texto. No se trata solo de leer más cantidad, sino de comprender lo que se lee. Si puede ser, sin sufrir. Y para eso influyen muchos factores: el diseño, la tipografía, el espaciado, el ritmo, el contenido…

En los últimos años se han popularizado los libros en mayúsculas para primeros lectores. Son útiles en una fase inicial, sobre todo si el propio niño muestra interés temprano por la lectura. Pero, si se alarga su uso, pueden dificultar el paso a la lectura en minúsculas, que es la normativa. El salto puede ser brusco: de textos amables y facilitadores, con letras supergrandes y espaciadas, a tipografías pequeñas y densas. Y justo cuando se espera que el niño lea solo… y entienda. 

Me sigue sorprendiendo que desde muchas editoriales no se cuiden más estos aspectos fundamentales para hacer la lectura accesible e inclusiva sin dejarse a ningún lector por el camino sean cuales sean sus capacidades. Por eso publicamos esta colección, cuidando todos esos detalles: son libros escritos en letra muy grande, con una tipografía clara diseñada por una experta en lectoescritura, con espaciado generoso y texto rimado. Pensados no solo para que puedan leerlos, sino también para comprenderlos, disfrutarlos y ganar confianza.

Los ZooBots

P. Las historias escogidas para poblar la primera serie de esa colección, Los ZooBots, hablan incluso de Inteligencia Artificial. ¿Es importante aprender a leer con narraciones que además despierten el interés por los libros como contenedores de contenidos interesantes? 

R. Los que escribimos para niños lo hacemos (o al menos lo intentamos) sobre temas que les interesen a ellos. Debería ser así siempre. Si en estas etapas de aprendizaje encuentran libros que les gusten mucho, será más fácil que se despierte su curiosidad por seguir leyendo, ya que lo asociarán a algo atractivo, divertido, emocionante…

P. Parece que la literatura infantil está en auge, ¿cómo se explica en un entorno de adultos que, según los estudios, no leen?

R. La verdad, no sé si se lee poco o mucho, pero lo que sí sé es que hoy tenemos una oferta editorial infantil magnífica. Libros atractivos, de temas variados, con enfoques diversos, que no teníamos hace unos años. 

Quizá la clave está en que socialmente tenemos muy interiorizada la idea de que leer es bueno para los niños. Y, como son los adultos quienes compran, ahí no suele escatimarse. Pero me pregunto si todo eso se traduce siempre en lectura real. Ojalá los libros infantiles sean también una excusa para que los adultos vuelvan a conectar con la lectura.

P. ¿Es importante seguir las recomendaciones de edad que suelen venir impresas en los libros infantiles? ¿Por qué?

R. Creo que esas recomendaciones han de tomarse con un punto de partida y no como una regla fija. Las indicamos las editoriales o las distribuidoras porque es necesario clasificar para poner orden dentro de la enorme oferta que hay. Pero quien realmente conoce lo que es adecuado para cada niño o niña es la persona que lo acompaña cada día. Y ese conocimiento pesa mucho más que cualquier número en la contraportada.

En la colección de Los ZooBots, por ejemplo, incluimos los libros en la clasificación de 5 a 7 años porque suele coincidir con el inicio de la lectura autónoma, pero siempre tengo presente que pueden acercarse lectores de otras edades, incluso si se supone que deben tener otro nivel lector. Cada persona es diferente. Lo importante no es una etiqueta, sino el destinatario. 

P. ¿Crees que el abandono de las pantallas en las aulas puede suponer un reencuentro con los libros que fomente la lectura? ¿Son los textos que se usan en las aulas adecuados para que esto ocurra? 

R. Alejarse de la pantalla, que ofrece siempre los mismos estímulos, permite recuperar experiencias más físicas, más diversas. Los libros son una de ellas. Me gusta esa idea de reencuentro. Creo que lo que hay que facilitar es que el niño o la niña descubra que leer puede ser una fuente de placer. Me refiero a esa satisfacción de descifrar un código, de conectar con un mensaje, de hacer un esfuerzo que vale la pena. Para que eso ocurra, las lecturas que se proponen deberían interesarles de verdad. Parece algo obvio, y, sin embargo, a veces se imponen textos que, en lugar de acercar, se interponen en esa experiencia de disfrute. Y es una pena, porque eso puede cerrar muchas de las puertas que el hábito lector podría abrir.

Carmen F. Etreros

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