Artículo: ‘Escuderos del siglo XXI’ de Ana Mas

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Lazarillo

Èl Lazarillo contado a los niños' de Rosa Navarro Durán

Escuderos del siglo XXI de Ana MasGanadora de la XX edición www.excelencialiteraria.com

 

La lectura de los clásicos no nos conecta únicamente con un pasado literario, sino que nos enfrenta de manera discreta a nuestro propio presente. Eso es precisamente lo que sucede con el Tratado III de El Lazarillo de Tormes, cuando Lázaro entra al servicio del escudero. Bajo la aparente distancia temporal del siglo XVI, este episodio revela la inquietante obsesión humana por aparentar lo que no es, es decir, por sostener una imagen que trata de encubrir el vacío, circunstancia que no se aleja de nuestros tiempos. 

El escudero se presenta como un hombre de gran honor, pulcro, dueño de una dignidad que protege con esmero. Su porte es impecable, su discurso elegante, su actitud altiva. Por el contrario, tras esa fachada se esconde una realidad devastadora: no tiene qué comer, no posee bien alguno y depende del ingenio de su joven siervo para sobrevivir. La ironía es cruel y profundamente humana, pues el escudero prefiere pasar hambre antes que renunciar a su imagen, es decir, antes que aceptar de forma pública su precariedad. El honor, convertido en máscara, termina siendo una prisión.

Mientras leía el tratado, no pude evitar trasladar esta figura al presente, pues muchos de nosotros somos como el escudero, aunque no en el sentido literal de la miseria material sino en una forma más sutil y extendida. Aparentamos bienestar emocional cuando estamos rotos por dentro; proyectamos una estabilidad económica que no tenemos; exhibimos un estatus social cuidadosamente construido, aunque sostenida sobre la inseguridad y el miedo al juicio ajeno. Vivimos rodeados de escaparates —redes sociales, currículos, discursos de éxito— que funcionan como las atildadas ropas del escudero, que quizás ocultan las carencias pero sin darles solución.

El amo de Lázaro teme ser visto tal y como es. Su mayor angustia no es el hambre, es la pérdida del honor. Así mismo, en la actualidad nuestro mayor temor no siempre es el fracaso, sino que este sea visible. Se nos ha enseñado a mostrar solo lo deseable, a silenciar la fragilidad, a convertir la vida en una representación constante. Así, el “qué dirán” mantiene un peso desmesurado aunque haya cambiado el escenario. 

Ana Mas
Ana Mas

Lázaro, por el contrario, encarna la lucidez que nace de la necesidad. Ve lo que su amo se niega a aceptar. Desde su mirada infantil, pero pragmática, entiende que la dignidad vacía no alimenta, que la apariencia no sustituye a la verdad. Sin embargo, es también víctima de ese sistema de valores: termina cuidando a su amo, invirtiendo los roles, aprendiendo demasiado pronto que la sociedad prefiere la forma antes que el fondo. Este tratado nos invita a realizar una reflexión quizá algo incómoda, pero necesaria. ¿Cuántas veces sostenemos una apariencia por miedo a mostrarnos vulnerables? El escudero no es un simple personaje literario; es un espejo. Quizá la verdadera lección del Tratado III no sea solo una crítica social del siglo XVI, sino una advertencia atemporal que nos muestra que, cuando la vida se convierte en una fachada, el hambre —emocional, económica o social— acaba saliendo a la superficie. Reconocerlo es el auténtico acto de honra y dignidad, tal como ejemplifican nuestros clásicos literarios.

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