Entrevista a Inés Garland: “Cuando empiezo una historia, no sé a dónde va, y me sorprendo yo misma con las cosas que aparecen en mi mente”  

INES GARLAND WRITERPor Carmen F. Etreros.

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Esta semana hablamos con la escritora argentina Inés Garland que acaba de ser galardonada con el Premio Nacional de Literatura Juvenil Alemana (Deutscher Jugendliteraturpreis) por Piedra, papel o tijera, siendo la primera escritora iberoamericana en conseguir este premio. La editorial Siruela acaba de lanzar El jefe de la manada una novela juvenil protagonizada por dos valientes primos Nina y Milo.

Los dos primos viven en Buenos Aires frente al parque del Rosedal, donde suelen ir a jugar y a divertirse. Ahí conocen a Gudrek, un vagabundo que vive en el parque con sus perros y que parece un árbol grande cuando está de pie. Nina y Milo sueñan con aprender a volar y a comunicarse por telepatía; siempre que visitan a su abuelo Tato, que vive en Colonia, al otro lado del río, practican ejercicios de telepatía con él. Un día, empiezan a notar que los perros del barrio desaparecen misteriosamente… Nina comienza a tener pesadillas, en ellas intuirá algunas pistas que los guiarán para desentrañar el misterio de las desapariciones.

Inés Garland (Buenos Aires, 1960) es periodista, traductora y escritora. Colabora con diversos periódicos y coordina talleres literarios. Es autora de dos novelas y de un libro de cuentos, que fue premiado por el Fondo Nacional de las Artes en Argentina. Charlamos con ella esta mañana de otoño e intentamos conocer mejor su nueva novela juvenil El jefe de la manada.

 P. Se acaba de publicar en España El jefe de la manada, ¿de dónde nace la idea para escribir este libro?

R. Este libro tiene una historia larga. Tuvo una primera versión donde las rosas del Rosedal (el parque frente al edificio donde viven la protagonista y su primo) eran muy importantes y la historia giraba alrededor de ellas. Pero después aparecieron los perros y robaron el protagonismo hasta tal punto que tuve que escribir todo el libro de nuevo. Cuando empiezo una historia, no sé a dónde va, y me sorprendo yo misma con las cosas que aparecen en mi mente. Investigué mucho sobre las rosas, sus nombres y su cultivo, leí y tome apuntes sobre un valle en Rumanía donde hay un día de asueto para que las familias vayan a hacer la recolección de rosas. Y al final solo quedaron algunos de los nombres de las rosas y Gudrek, el vagabundo, se llevó la nacionalidad rumana.

P. Los protagonistas de El jefe de la manada son Nina y Milo dos primos de once años curiosos e inteligentes, ¿cómo nacieron estos personajes?

R. Nina es reflexiva y observadora, como era yo desde niña, y sueña con volar y comunicarse por telepatía, dos grandes ambiciones que tenía yo (que sigo teniendo, si soy sincera), pero su relación con Milo está inspirada en la relación que tenían mi hija Abril y su primo Juan, el hijo de mi hermana. Milo se parece en muchas cosas a Juan, su distracción, eso de ser capaz de estar sentado en el aire, sin silla. Es algo que podría hacer Juan perfectamente, aún hoy que ya tiene 21 años. Creo que en la historia recreé muchas experiencias de infancia. Siempre digo que tengo mala memoria, pero estoy convencida de que en mi inconsciente está todo muy bien guardado, solo que no puedo acceder a ese material de manera consciente y aparece en función de los relatos que escribo.

P. ¿Y Gudrek, el extraño vagabundo que vive en el parque con sus perros?

R. Hace años yo cocinaba y servía las mesas en un comedor comunitario. A veces iba a comer allí un hombre muy alto y rubio con un abrigo hasta el suelo. Era educadísimo e introvertido, y yo le tenía cariño, era mi preferido de todos los que iban allí. Me hubiera gustado mucho saber qué le había pasado en la vida para terminar en la calle, pero él llegaba, se sentaba a comer y se iba después sin hablar. Una vez, uno de los otros vagabundos llegó borracho y lo molestó. Nunca vi a nadie cambiar con tanta rapidez. No sé si el borracho hubiera sobrevivido si no los separábamos. Mi vagabundo preferido se convirtió en una fiera. Tuvimos que separarlos para que no lo matara. Creo que le di a Gudrek esa capacidad de ira y también cierta desesperanza y dulzura que yo veía en este hombre que no volví a ver.

Por otro lado, en una esquina de mi ciudad había otro vagabundo que había armado su hogar con un colchón y cosas sueltas. ¡Hasta llegó a tener una televisión! Todo el barrio lo quería. Vivía con un perro de raza weimaranner que había encontrado perdido. Hace poco, casi un año después de que yo escribiera El jefe de la manada, fue noticia porque lo querían encerrar y pidió ayuda a los vecinos. Confesó que había llegado a la “situación de calle” porque se había hecho adicto a la droga y la adicción le había hecho perder a su familia. Mezclé a ellos dos para crear a Gudrek.

P. Toda la trama de la novela gira sobre la misteriosa desaparición de los perros del parque y los poderes de telepatía que les enseña a los niños el abuelo Tato. ¿Hay que fiarse de nuestra intuición para solucionar los misterios y los problemas?

R. Creo mucho en la intuición. Supongo que tendrá muchos detractores esta idea, pero a mí me funciona bastante bien. De todas maneras, estas cosas se dividen con líneas cambiantes: la intuición puede ser el deseo de que algo pase, o el miedo disfrazado de corazonada, o algún dato del pasado que nos hace interpretar el presente con escenas viejas. Sin embargo, por algo se la llama también corazonada. El corazón es bueno para entender algunas cuestiones y prever otras. A veces me parece que el tiempo lineal no existe, que todo sucede a la misma vez y solo lo podemos decodificar linealmente. Pero eso ya es más complicado de explicar.

P. ¿Crees que te ha influido tu experiencia como periodista a la hora de escribir el libro?

R. Mi experiencia como periodista fue solamente haciendo entrevistas. Siempre me interesaron las personas y, en ese sentido, las entrevistas me dieron más conocimiento sobre ellas. Las que conocí también están guardadas en los cajoncitos de la memoria y quién sabe qué rasgos aparecen en mis personajes que fueron originalmente de mis entrevistados. Yo no lo sé porque ahí adentro se hace un merengue donde todo se mezcla, pero seguro que hay pedacitos de gente que conocí, de gente que entrevisté, de gente que vi en la calle. Eso es lo más misterioso del acto creativo.

P. ¿Qué ingredientes crees que tiene este libro para enganchar a los pequeños lectores?

R. Mi hija tardó mucho en leer mis libros y cuando finalmente lo hizo me dijo una de las cosas más preciosas que me han dicho sobre mi escritura. Dijo que yo ponía en palabras sentimientos y emociones que ella tenía pero no sabía cómo expresar, y que la aliviaba poder tener palabras para esas experiencias. Creo que probablemente ese sea uno de mis fuertes. Pero creo que también hay suspense, ganas de saber cómo sigue la historia. Eso es muy importante para mí a la hora de escribir. Lo trabajo mucho. Y me importa que se vea lo que estoy contando, que sea como un sueño para el lector, que sienta las cosas que sienten mis personajes. Por eso me detengo a contar lo que les pasa. Me importa que los lectores se identifiquen con los personajes y que vean lo que cuento como se ve una película, pero que sean las palabras las que hagan el truco.

eljefedelamanadaP. ¿Cuáles son tus planes de futuro? ¿Vas a escribir más libros para niños y jóvenes?

R. No lo sé. Acabo de terminar una novela para jóvenes que escribí después de El jefe de la manada. Y ahora estoy a la espera de que algo me tironeé. Tengo varias ideas en danza, siempre tengo varias cosas empezadas, primeros párrafos, ideas sueltas, imágenes. Ahora tengo que ver cuál gana o si aparece una nueva. Y sentarme a escribir, porque me estoy arreglando una casita y vivo temporalmente en un cuarto un poco apretado con mis dos gatos.

P. Acabas de ser galardonada con el Premio Nacional de Literatura Juvenil Alemana (Deutscher Jugendliteraturpreis) por otra de tus novelas «Piedra, papel o tijera», siendo la primera escritora iberoamericana en conseguir este premio, ¿qué significa para ti este galardón?

R. Es un espaldarazo impresionante. Significa que cuando mi voz interna se dedique a torturarme diciéndome que deje ya de escribir que no me sale bien y que mire cuántos escritores maravillosos hay en la historia y que sería mejor que fuera médica de frontera o algo más útil, yo le podré contestar que ya no tengo edad de serlo y que si todos los escritores de la historia hubieran pensado así, no hubiera habido libros después de Homero y La Biblia, o después de Cervantes y Shakespeare, y también le podre decir que recuerde que me dieron (nos dieron, le tendré que decir) un premio importantísimo y que es hora de que se calle un poco.

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