Entrevista a Jorge Cuervo, autor de ‘¿Qué hacer con tus miedos?’

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«El problema no es el miedo, sino saber qué hacer cuando lo sientes y te impide lograr lo que deseas.»

 

Esta semana hemos charlado con el gijonés Jorge Cuervo Cimadevilla, autor de ¿Qué hacer con tus miedos? publicado por la editorial Libros de cabecera. Un libro para aprender a gestionar los miedos para contribuir a desarrollar nuestro potencial. Para el autor es imprescindible modificar la relación que mantenemos con el miedo si queremos vivir con más sosiego. Si pretendemos librarnos de él, se apegará más a nosotros bajo distintas formas como la parálisis o el bloqueo. Ante tal panorama, la alternativa consiste en aceptar el miedo y convertirlo en un colaborador.

Jorge Cuervo es licenciado en Farmacia por la Universidad de Barcelona y MBA por ESADE y desde el año 2007, es Executive Coach y Coach de Equipos, trabajando para compañías nacionales e internacionales.

P. La pregunta obvia es: ¿por qué tenemos miedo?

R. Porque sin él no estaríamos vivos. Como lo explicaba muy bien mi admirado personaje Gil Grissom, de la serie de televisión CSI Las Vegas, si un australopiteco caminando por la sabana sentía un hormigueo en la espalda, podía tratarse simplemente de la brisa… o de un depredador, ¡nosotros somos los descendientes del que volvió la cabeza para mirar!

P. ¿Nos sirve de algo tenerlo?

R. El miedo nace de nuestra naturaleza mamífera. Se trata de un mecanismo emocional que hace que, ante una situación que tu mente juzga peligrosa, te sientas mal. El intenso malestar que provoca sirve para quitarte las ganas de meterte en ese lío y de que sí las tengas de irte. Y si no puedes evitarlo, de que desees con fuerza irracional acabar con esa situación lo antes posible, huyendo o atacando.

El miedo es un mecanismo diseñado para un entorno muy diferente del que hoy vivimos ―que por cierto, en términos evolutivos es muy reciente―, y que lo es cada vez más. Basta ver cualquier película de los años 90 para darse cuenta de cómo ha cambiado el mundo en tan solo una generación, ¡y esto acaba de empezar! Apenas somos conscientes de cómo está cambiando realmente nuestro mundo.

En resumen, el miedo es un hacha, y nosotros hoy necesitaríamos un bisturí. Por eso tenemos que resolverlo a base de mejorar nuestro software mental, es decir, los humanos tenemos la capacidad de aprender a gestionarlo, pero esa capacidad debemos aprenderla, pulirla, practicarla… ¡no la “traemos de fábrica”!

Por eso, el problema no es tanto el miedo, sino saber qué hacer cuando lo sientes y te impide lograr lo que deseas.
Afortunadamente también estamos aprendiendo más que nunca de cómo funcionamos en realidad las personas, y ya disponemos de técnicas para trabajarnos con eficacia y convertir al miedo en un aliado.

Para gestionar miedos, en sentido estricto lo que hace falta no es entender, sino aceptar. La aceptación es la puerta del cambio.

P. ¿Por qué nos avergüenza?

R. Éste es uno de los grandes sufrimientos que provoca el miedo. En realidad, las personas sufrimos más de lo que deberíamos, porque muchos de estos problemas se pueden resolver sabiendo cómo funcionamos y con entrenamiento.

Lo que ocurre es que el miedo ha estado siempre presente en nuestra vida desde la noche de los tiempos. Nos ha afectado tanto que la capacidad de superarlo se ha convertido en la vara de medir de cuánto vale una persona: quien se enfrenta a su miedo y lo supera es “valiente”, porque tiene “valor”; eso es lo mismo que decir que entonces quien no lo sabe superar “no tiene valor”, “no vale”.

Estos mensajes sociales que hemos tenido que crear para sobrevivir te presionan y, cuando estás bajo el miedo, a menudo tienes también miedo a no superar ese miedo ―es decir, miedo al miedo― y eso desencadena un diálogo interior destructivo en tu mente. ¡Entonces ya tienes dos problemas: la propia situación de peligro que ha causado el miedo, y la culpabilidad que tú te provocas! Todo eso junto puede ser demasiado y puedes caer en el bloqueo, en la parálisis…

Esos diálogos interiores destructivos no sólo dificultan tu capacidad de dar respuesta a una situación, sino que con el tiempo van mermando tu autoconfianza, y después tu autoestima. Van erosionando tu personalidad y cada vez te sientes más pequeño y desvalido. Es decir, sin saberlo, te entrenas para ir a peor. ¡Pero podemos revertir ese mecanismo! El saber qué hacer con tus miedos te hace mejorar tu autoconfianza y tu autoestima, te sientes más capaz y mejora tu liderazgo personal.

P. ¿Te ocupas de todos los miedos? ¿O los hay que escapan a tu ámbito de actuación?

R. En mi profesión nos ocupamos de los miedos “normales”, aquellos que nos inquietan a diario, que nos bloquean o limitan. No nos ocupamos de los miedos fóbicos, los miedos patológicos requieren otro tipo de tratamientos.
Estos miedos “normales” son los más numerosos, pero a menudo son los grandes ignorados, y se suelen sufrir en silencio, desde la vergüenza y la culpa. Pero son la forma habitual de funcionar los seres humanos y no deberíamos sentirnos mal. Por eso, está bien que alguien se ocupe de la gente normal ¿no?

P. En tiempos de crisis como los que vivimos, ¿aumentan nuestros miedos?

R. Las épocas de crisis, y sobre todo ésta en particular, porque conlleva un cambio de época, son las grandes destructoras de las seguridades externas. Pero también son la mejor ocasión para emprender la búsqueda de las seguridades internas.

Las seguridades externas se consiguen a través del control, del poder… Las internas, del autoconocimiento y de la gestión adecuada de las propias emociones. Las primeras son muy adictivas y crean dependencia ―¿qué hace si no que las personas nunca tengan bastante dinero o poder?―; las segundas requieren entrenamiento pero aumentan tu poder personal, tu capacidad de decidir tu vida. Las primeras acaban provocando un cierto “efecto rebote”, aumentando tus miedos; las segundas reducen el poder que los miedos tienen sobre ti.

Por eso, las crisis lo que en realidad hacen es obligarte a enfrentarte a ti mismo: en toda crisis se esconde una oportunidad, y cada uno tiene que elegir qué tipo de camino desea tomar.

P. Hay mucho miedo al cambio, a la incertidumbre…

R. Es natural: somos muy conscientes de los peligros de cambiar aunque a veces sean más imaginarios que reales, ¡pero somos muy poco conscientes de los peligros de quedarnos como estamos!… Que también los hay, y hoy en día, en un mundo tan cambiante, probablemente sean los peores.

En nuestro descargo hay que decir que nuestra cultura tampoco ayuda: somos el territorio del “más vale malo conocido, que bueno por conocer”.

P. La nuestra es una sociedad muy competitiva, cada día más. ¿Dirías que el miedo a fracasar es el más característico de nuestro tiempo? Si no, ¿cuál?

R. En realidad, los miedos suelen trabajar en equipo, se presentan en forma de “paquetes multimiedo”, como esas ofertas de viajes de “todo incluido”. Tengo la sensación de que el miedo a fracasar siempre ha estado ahí, lo que ocurre es que su forma de dispararse se ha sofisticado mucho. Cuando el riesgo de fracasar es pasar hambre, es más evidente, más descarnado que cuando consiste en ser criticado o no conseguir un pedido. Hoy existen muchas situaciones que pueden detonarlo, y por eso a menudo acaba siendo el que abre la puerta de entrada a otros miedos más oscuros. No sé si será el más característico, pero tal vez sea el más de moda, ja, ja.

Entiendo que el libro no trata tanto de los miedos que tenemos, como de aprender a utilizarlos, servirnos de ellos… ¿Se pueden convertir en estímulos?

Conocer tus miedos ayuda a sentirte capaz de gestionarlos, porque nos gusta entender las cosas, y por eso he incluido algunos capítulos explicativos… pero, aunque suene sorprendente, para gestionar miedos, en sentido estricto lo que hace falta no es entender, sino aceptar. La aceptación es la puerta del cambio, y la no aceptación nos enquista, nos bloquea.

Centrándonos en el alma de la pregunta, en realidad los miedos están ahí para que nos sirvamos de ellos. Podríamos decir sin exagerar que lo están deseando. Ésa es su función y su sentido último. Lo que ocurre es que todavía no sabemos conseguirlo, el mecanismo para ello no nos viene de fábrica, como decía antes, y necesitamos aprenderlo.
Se me ocurre que somos como un coche que sale de la fábrica sin GPS. Si queremos tenerlo, hay que comprarlo aparte, instalarlo, aprender a usarlo y tenerlo actualizado. Pero ese GPS existe, está a nuestro alcance.

P. ¿El pesimismo es una forma de miedo?

En realidad el pesimismo es un modo de funcionar nuestro cerebro. Cuando estamos en ese modo, damos más importancia a lo que puede ir mal que a lo que puede ir bien, y estamos a la defensiva. Eso potencia la inseguridad y, por tanto, nos hace más sensibles a los miedos.

Cuando una persona está en el pesimismo, ve las cosas más difíciles, y también ocurre así a la hora de gestionar miedos. Los médicos a menudo constatan que los pacientes optimistas siguen mejor los tratamientos que los pesimistas, aunque la intuición parezca decir lo contrario. Se supone que un pesimista debería ser más consciente de los peligros, pero por eso mismo se abandona antes: “si todo va a ir mal, ¿para qué luchar”. Un optimista piensa lo contrario, “yo me voy a curar, pero con la medicación lo haré más rápido”.

A su vez, el no gestionar bien tus miedos puede potenciar tu visión pesimista de la vida. Y ya tenemos un hermoso círculo vicioso que se autoalimenta.

P. ¿Hay adictos al miedo?

R. Yo hablaría más bien de adictos a la adrenalina, a las emociones fuertes. Los deportes de riesgo no me motivan, yo me he prometido a mí mismo, desde que cumplí los cuarenta, que por sufrir cobro, no pago, ja, ja. Pero sus practicantes experimentan la sensación de la adrenalina, que te libera un rato de la sensación de estrés, y que viene seguida de la descarga de endorfinas en el cerebro, que te dan sensación de placer y relajación.
De hecho, una cierta dosis manejable de miedo a todos nos suele gustar, nos hace sentir vivos. Y si alguien no lo ve claro, que piense en el cine, con sus películas de terror y de guerra, en los parques de atracciones…

Una cierta dosis manejable de miedo a todos nos suele gustar, nos hace sentir vivos.P. Para terminar, una confesión: ¿eres miedoso? ¿Te molesta serlo?

Jorge Cuervo
Jorge Cuervo

R. Efectivamente, en el libro así me confieso, me declaro un miedoso diplomado. A estas alturas no sólo no me molesta serlo, sino que es motivo de orgullo.

Piensa que en realidad sin miedo no hay valor. La inconsciencia y el valor pueden confundirse porque a veces llevan a conductas parecidas, pero no son lo mismo. El ser valiente significa haber aceptado tu miedo, y haber sabido conseguir que no te frene. ¡Eso tiene un mérito tremendo! Mucho más que el no tener miedo. Quien no tiene miedo acaba siendo un inconsciente.

Vale, el miedo nos hace sentirnos mal y queremos librarnos de él, y tampoco nos gusta que haga sufrir a las persona a quienes amamos, pero… ¿de verdad preferirías que tus seres queridos fueran inconscientes? ¿verdad que no?
Aprender a gestionarse es un camino en el cual hace falta perseverancia y práctica, y como todo, hay días mejores y peores.

Como un niño cuando está aprendiendo a andar, te caes muchas veces, y hay que levantarse. Y ese levantarse es lo que refuerza tu confianza y te hace ser cada día un poco mejor: no es un fracaso, es una etapa del camino. Por eso, a mí no me molesta ser miedoso, lo que me molesta es ser cobarde, y también confieso que cuando lo soy, cuando me caigo, me da muchísima rabia, como al que más…

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