Relato: ‘Nos toca elegir’ de Francisco Javier Merino

Árbitro

 

De Francisco Javier Merino. Ganador de la X edición www.excelencialiteraria.com

 

No me puedo olvidar del momento en el que les dije a mis padres que quería estudiar periodismo. <<¿Perioqué?… ¿Estás bromeando?>>. <<Con la cabeza tan extraordinaria que tienes, podrías estudiar alguna Ingeniería, o Medicina…>>. A pesar de sus intentos de persuadirme, mi actitud no cambió. Y parece que acabaron aceptándolo, pues todavía no me han echado de casa…

Por mucho que los profesores de segundo de Bachillerato, los educadores y conferenciantes nos recuerden, charla tras charla, que forma parte de nuestro derecho y nuestra responsabilidad elegir a qué queremos dedicarnos en el futuro, nuestros padres no terminan de aceptar si lo que escogemos no forma parte de sus expectativas, quizás porque quieren que sigamos sus pasos, quizás porque les preocupa nuestra prosperidad económica.

El caso es que, desde que un alumno de 4º ESO se decanta por las Ciencias o por las Letras, sus progenitores (no en todos los casos, por supuesto) intentan influenciar en su destino universitario.

Son varias las personas de mi entorno que han escogido Ciencias por la presión familiar, a cuenta de un infundado temor a que los hijos no encontremos salidas profesionales. A veces, incluso, logran convencernos de implicarnos con unos estudios en los que no creemos. ¿Cuántos jóvenes han dejado un grado universitario a medias al darse cuenta de que su pasión era otra?…

Francisco Javier Merino
Francisco Javier Merino

Es curioso; los adolescentes, caracterizados por las ganas de contradecir a sus mayores en cuanto se presenta la oportunidad, tienden a convertirse en “perros mansos” a la hora de elegir una carrera universitaria. Que nadie se asuste cuando afirmo que nuestra obligación es ser desobedientes en este aspecto.

No quiero decir que debamos ignorar a nuestros padres. La experiencia es un grado, y si hay alguien que pueda aconsejarnos en una elección tan importante como ésta, son ellos. Pero no debemos olvidar que la última palabra la tenemos nosotros.

Digamos que elegir carrera es como arbitrar un partido de fútbol: nuestros padres son los mejores jueces de línea que podríamos tener, pero levanten o no el banderín, somos nosotros los que tenemos el silbato.

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